07 julio 2009
02 julio 2009
30 junio 2009
Walkman
Ha sido como la magdalena de Proust. Éste, precisamente éste fue el walkman que mi padré compró en El Corte Inglés hace la tana de años y todos en casa estábamos entusiasmados. En no va más, el acabose. Todo viene a cuento por este simpático artículo de BBC News: a un niño de ahora su padre le ha cambiado su i-pod por un walkman durante una semana. Los comentarios, de traca.
19 junio 2009
El secreto escondido
Qué torpes y necios somos, y qué soberbios. Cuando no estamos mirándonos el ombligo, estamos elaborando sesudas teorías y reinventando la rueda o, como está ahora de moda, reinventándonos a nosotros mismos (como el anuncio de radio de Endesa, con la memez esa de crear una nueva conciencia). En realidad, todo lo que había que decir está ya dicho; nuestra tarea es descubrirlo. Y no está oculto ni es un arcano gnóstico o masónico, está bien clarito. Para conocerlo no hay que ser un iniciado ni pasar por grados sucesivos de conocimiento. Más bien al contrario, la clave para su descubrimiento es quitarnos nuestra pedantería y hacernos como niños.
Hoy he leído en misa la segunda lectura y quería compartirla con vosotros. A veces pasamos por encima de textos como éste como si tal cosa, pero hoy me ha sido dada la gracia del asombro, de la estupefacción, de la emoción y de la gratitud, porque he (re)descubierto ese secreto. Lo cuenta, mejor imposible, el gran San Pablo a los efesios:
"Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo. Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él. Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios".Ya lo decía Bloy, para saber lo que pasa hay que leer a San Pablo .
07 junio 2009
El libro de Enrique
Enrique García-Máiquez nos ha regalado un libro extraordinario. Se llama Lo que ha llovido y parecería que no es otra cosa que la recopilación, corregida y depurada, de su blog Rayos y Truenos, esa bitácora imprescindible que nos rescata cada día de la amargura y el hastío por la deriva patria. Ciertamente, el libro es una sucesión de las mejores entradas de su blog (digo, blogg), pero también es mucho más.Para empezar no es lo mismo la lectura apresurada de una entrada en la pantalla del ordenador, a la que preceden y siguen otras muchas y con las que se intercalan teléfonos y trabajos, que la lectura reposada, táctil y personal que supone tener un libro en las manos (un libro, en este caso, primorosamente editado por Númenor). El texto podrá ser el mismo, el autor y el lector también, pero la cosa cambia mucho: la atención es otra y la intimidad mayor. Nos dice más. Además, la lectura sucesiva de entradas aparentemente inconexas permite ir decantando las líneas maestras de una vocación literaria, de una actitud vital, de un compromiso con los demás como los del autor. Entre las líneas del libro, entre el humor y la poesía, van apareciendo sus maestros, sus aficiones, sus inquietudes, su religiosidad. Hay que oír hablar de Enrique –admirado admirador– a Miguel d’Ors, rendido y agradecido ante aquello a lo que no cabe oponer resistencia: la bondad, la alegría y por supuesto el talento.
El entusiasmo que me ha provocado la lectura del libro ha sido tal que inevitablemente ha surgido la desconfianza. Algo falla; es bueno, sí, pero no puede gustarte tanto como Pla, como Ginzburg o como Trapiello (ojo, en sus diarios y a base de no leer sus entrevistas). No te engañes, me digo, igual no es tan bueno y lo que pasa es que Enrique es un amigo al que admiras y con el que compartes edad, cosmovisión y afinidades electivas. Quiá!, me respondo de inmediato, como en las viejas zarzuelas. Uno es ya mayorcito como para hacerse trampas al solitario. Ahí están otros con parecidas coordenadas y loables beligerancias que no me dicen absolutamente nada (Prada, sin ir más lejos). No, decididamente estamos ante un libro grande. Qué difícil es escribir tan sencillo, tan ligero, tan amable, decir tanto como sin querer decir nada. No es de extrañar que el exigente García Martín diga que el libro es una inagotable maravilla, ni que el no siempre amable Trapiello se derrame en alabanzas allá donde habla (y ahora, ay, habla mucho). Para mí un libro es realmente bueno si te hace mejor (recuerdo que una vez Beades me regañó por decir algo parecido) y éste vaya si lo logra.
Además, el libro permite mejor que el blog la relectura. Y ya dijo Borges que lo importante no es leer, sino releer. Así, gracias a Lo que ha llovido, cada vez que quiero puedo estirar la mano y volver a emocionarme leyendo una vez más entradas como Recuerda, que bien valen un blog, un libro y (casi) una amistad.
Gracias, amigo.
01 junio 2009
Aniversario
Hoy es nuestro aniversario de bodas. El 1 de junio de 1995, tras seis años de noviazgo y algunos más de habernos conocido, Carmen y yo nos casamos en la Iglesia de San Bernabé de El Escorial. Ofició la ceremonia el P. Florencio Sánchez LC, con quien tanto queremos. Las lecturas que elegimos fueron Tobías y Sara (en los que, salvando las distancias, nos veíamos reflejados, yo con mi rollo habitual y Carmen tan certera en lo esencial), Corintios XIII, of course, y vosotros-sois-la-sal-de-la-tierra, muy apóstoles nosotros.
La ceremonia fue preciosa y la música estuvo a la altura: cantaron nada menos que los de Schola Antiqua, cuando todavía no eran famosos. Los conocíamos de la misa de dos en Buen Suceso de D. Andrés Pardo. Nos regalaron el mejor gregoriano, Tomás Luis de Vitoria y Francisco Guerrero (qué buen año es el del cielo), todo a capella. Dos horitas y media de nada. Modernos que somos.
Desde entonces, como quien no quiere la cosa, de un modo extrañamente evidente y a la vez misterioso, se han sumado a nuestras vidas David, Juan, Santiago, Manuel, Carmen, (Reyes), Alfonso y Pablo. Laus Deo.
Hoy estoy en Brasil por trabajo y no paro de recordar el agridulce poema de d’Ors con los tetra-briks de zumo de tomate, la fuente de patatas fritas y eso del no ser feliz y que no te importe. A mí vaya si me importa, pero lo cierto es que soy muy, pero que muy feliz. Aunque pueda sonar ñoño.
Feliz aniversario, guapa.
La ceremonia fue preciosa y la música estuvo a la altura: cantaron nada menos que los de Schola Antiqua, cuando todavía no eran famosos. Los conocíamos de la misa de dos en Buen Suceso de D. Andrés Pardo. Nos regalaron el mejor gregoriano, Tomás Luis de Vitoria y Francisco Guerrero (qué buen año es el del cielo), todo a capella. Dos horitas y media de nada. Modernos que somos.
Desde entonces, como quien no quiere la cosa, de un modo extrañamente evidente y a la vez misterioso, se han sumado a nuestras vidas David, Juan, Santiago, Manuel, Carmen, (Reyes), Alfonso y Pablo. Laus Deo.
Hoy estoy en Brasil por trabajo y no paro de recordar el agridulce poema de d’Ors con los tetra-briks de zumo de tomate, la fuente de patatas fritas y eso del no ser feliz y que no te importe. A mí vaya si me importa, pero lo cierto es que soy muy, pero que muy feliz. Aunque pueda sonar ñoño.
Feliz aniversario, guapa.
26 mayo 2009
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