22 junio 2007

Variaciones Goldberg


Las Variaciones Goldberg BWV 988 son, sin duda alguna, una de las cimas de la música. Para mí, como todo Bach, son la sexta vía de demostración irrefutable de la existencia de Dios.

Aunque originalmente fueron compuestas para clave (hay una versión excelente del joven Pierre Hantaï), hoy en la gran mayoría de las ocasiones se interpretan al piano. En disco, la mejor versión es, a mi juicio, la personalíma de Glenn Gould de 1981 (se oyen sus canturreos mientras toca, extático), que se encuentra fácilmente en CD o en DVD.

Pero la felicidad que hoy vengo a compartir con vosotros es que hace pocas décadas, Dimitry Sitkovetzky, un violinista ruso radicado en Francia, realizó una transcripción de las Variaciones para trío de cuerda, y que semejante versión ha sido grabada recientemente en disco por Julian Rachlin, Mischa Maisky y Nobuko Imai. La versión es deliciosa, reconstituyente, esperanzadora y altamente recomendable para estados anímicos bajos.

Y, luego, lo de Youtube es increíble: con solo uno o dos clicks, tenéis al loco de Gould en el '81 tocando las 14 primers variaciones (aunque hay una ligera discordancia entre la imagen y el sonido ¡no os lo perdáis!); y con otro tenéis a Julian y compañía interpretando la versión que os digo.

11 comentarios:

Juan Manuel Macías dijo...

Sabrosísima información. Muchas gracias. Por cierto, estoy de acuerdo con esa sexta vía de Bach.

Saki Kekonen dijo...

Gracias por la valiosísima información. Como luterano "in pectore" considero a J. S. Bach el quinto evangelista, y me interesa toda su obra, aunque me llegan especialmente sus cantatas y la Pasión según San Mateo.
Javier Otaola

Dal dijo...

Te alabo el gusto, Saki. La Pasión es el non plus ultra de la música, y las Cantatas la felicidad y la espiritualidad perpetuas.

A veces me pregunto cómo es posible que Bach, que expresó tan bien la religiosida cristiana fuese luterano y no católico (sí lo fueron, por el contrario, los otros dos grandes: Beethoven y Bruckner). La única respuesta que encuentro es la cercanía de sus coordenadas espacio-temporales con el epicentro del terremoto luterano.

En todo caso, no tengo duda alguna de que estará en el cielo, en palco de platea, alabando a Dios con todos sus ángeles y sus santos.

Si el buen Dios lo permite, ya tendremos tiempo tú y yo de preguntarle "in situ" cómo es que no se dio cuenta de su error.

DAL

P.S. Como en la Red no se nota, te digo que hay un tono de humor-buen rollito en mis palabras. Aunque es verdad que lo pienso. No offence.

Amania dijo...

Querido Dal:
Creo que se entiende el buen tono de humor en tus palabras, a pesar de la frialdad de la Red, en el mismo tono de buen rollito creo que entenderías perfectamente la perfecta sintonía entre Bach y Lutero sin leyeras el magnífico libro del teólogo luterano: LO SANTO. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios.(Alianza Editorial)

Yo también confío -no por mis obras que son seguramente torpes, ni por mis luces que son evidentemente pobres, ni por la virtud de la Ley que me es tantas veces ininteligible, sino por la gracia, y la fe -fe como fiducia en Cristo- que espero poder preguntar personalmente a J.S. Bach por la fuente de su inspiración , y compartirla abierta e íntimamente contigo y con tantos otros, y no como ahora en medio de tanto ruido y furia, a través de un espejo oscuro.
Que así sea.
Javier Otaola

Saki Kekonen dijo...

El autor de LO SANTO es Rudolf Otto
Javier Otaola

Juan Manuel Macías dijo...

Por cierto, hay un libro fascinante (o, por lo menos, a mí me lo parece) de Ramón Andrés en El Acantilado (2004): 'Juan Sebastián Bach, los días, las ideas y los libros'. ¿Lo conoces? Precisamente estos días lo estaba releyendo con placer. Saludos.

Dal dijo...

Gracias a ambos por las referencias bibliográficas. El de Bach lo incluyo en mi preselección de lecturas veraniegas (tengo una entrada pendiente sobre esto).

Del de Otto tomo nota, Saki, aunque la teología en general (y supongo que la luterana en particular) me supera.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por compartir el estupendo hallazgo de la transcripción para cuerda de las Variaciones que difundiré adecuadamente.

La música de JSB debería formar parte de la educación de todo hombre. Exponerse a la intensidad de la belleza de su música estoy convencido que deja una huella irreversible e innegablemente buena. Sugiero que sustituyan la controvertida Educación para la cuidadanía por clases/audiciones de BACH. Habría una buena posibilidad para el consenso...,digo yo, ¿no te parece Seki?

Un abrazo.

César U-M G.

Saki Kekonen dijo...

Querido CUM:
No estaría mal lo de Bach pero no es incompatible con la Educación para la ciudadanía, sobre la que he publicado un artículo que -me perdonarás la pedantería me permito remitirte y que seguramente nos permitirá polemizar caballerosamente, a saber:
Un debate clásico
Creo las críticas que se hacen a la asignatura de Educación para la ciudadanía por parte de la jerarquía católico-romana en España parten de un error conceptual previo según el cual no hay mas que una sola y exclusiva fuente de valores morales, y por lo tanto el Estado democrático tiene vetada toda posibilidad de aportar referencias de valor aunque estas vengan referidas a valores cívicos y de convivencia. Pienso, por el contrario, que el Estado a través de la Escuela educa –hasta ahora los valores de ciudadanía y derechos humanos eran valores de educación transversal, pero no eran valores ausentes de la educación-; pero no sólo los poderes públicos, también la sociedad educa, de una manera difusa a través de sus vigencias sociales, de sus gustos estéticos, de las letras de la música pop o de la copla, de los modelos sociales de éxito, a través del deporte y de la política, las Iglesias y tradiciones religiosas educan a través del culto y de la catequesis, las familias naturalmente educan, nuestros amigos y amigas nos educan, la literatura y el cine nos educan, pero ninguna de esas “educaciones” es definitiva ni última, ni inapelable ya que a fin de cuentas somos nosotros, cada uno de nosotros y nosotras los que validamos en nuestro fuero interno las propuestas educativas que nos llegan. La educación no nos priva de la capacidad de crítica y de decisión, a la postre toda educación es autoeducación. No somos –gracias a Dios- material inerte en manos de nuestros educadores.
De todas formas los desencuentros Iglesia-Estado en relación con la enseñanza y en particular con las fuentes de formación y reflexión moral no son de hoy sino que vienen de lejos. Parece que el catolicismo jerárquico no admite otra fuente de referencias morales que no sea la propia Roma vaticana, a partir de sus propias definiciones dogmáticas y en el ejercicio de su competencia “magistral”. Ya la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 levantó toda clase de anatemas, los conflictos entre la tradición liberal-democrática y los obispos católicos, en Europa y en España, han sido frecuentes y se han planteado controversias variadas en estas cuestiones que ahora nos parecen superadas: sobre el divorcio civil, sobre la separación Estado-Iglesia, sobre la Escuela Pública, sobre el fundamento del poder civil, sobre la cremación de cadáveres, sobre los cementerios civiles, sobre el Registro Civil…, siempre ha habido una tensión ideológica entre lo eclesiástico y lo civil y, como no podía ser de otra manera la hay también respecto a la idea misma de una ética civil.
En este historial de disputas y desencuentros son de antología –entre nosotros- por ejemplo el libelo del presbítero Manterola: “Don Carlos o el petróleo”, o “El liberalismo es pecado” del clérigo Felix Sardà i Salvany o las prédicas contra las anatemizadas “libertades de perdición”: Libertad de culto, libertad de expresión, libertad de enseñanza, libertad de prensa. En otro orden de cosas pero por razones semejantes se puede mencionar que en los Estados Unidos y en Inglaterra han sido también notorios los debates en torno a la enseñanza en la Escuela de las teorías evolucionistas de Darwin en supuesta oposición al creacionismo de la Biblia.

No fue hasta el Concilio Vaticano II y la encíclica Pacem in terris del Papa Roncalli (1963) que de alguna manera el catolicismo aceptó hablar de Derechos Humanos, (concepto que le era ajeno, la Iglesia prefería hablar de derechos naturales), haciendo un elenco particular de los mismos. A través de esta encíclica de una manera tácita se vino a desautorizar las posiciones integristas y el Papado se avino a reconocer el valor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como referencia ética universal a pesar de venir auspiciada y proclamada por la Organización de Naciones Unidas; lo que viene a admitir que en la construcción de los valores ético-jurídicos las tradiciones políticas y las instancias internacionales –a modo de un Concilio laico-, independientemente de las instancias eclesiásticas, pueden aportar y han aportado un acervo de referencias tanto jurídicas como éticas que la propia Iglesia reconoce.

La Educación para la ciudadanía no es sólo, a mi juicio un derecho, sino un deber de la Democracia; no se trata en última instancia sino de hacer explícitos y de reflexionar dialogadamente con los alumnos respecto de los valores morales que conllevan las definiciones de derechos que proclama la Constitución española, a fin de cuentas se trata de dar a conocer y educar en los principios morales –mores civitatis- que informan nuestro ordenamiento jurídico tal y como dice la Constitución en su artículo 10.1, se trata de enseñar Constitución: “Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España”. Nos encontramos pues con una fuente de normatividad jurídica que es también en gran medida normatividad moral -¿o es que los derechos humanos no son una referencia ética de primera magnitud? ¿Es que no son un logro ético histórico que marca una referencia obligada para todos los Estados y para todos los seres humanos?-, de acuerdo con este criterio las Declaraciones de Derechos se incorporan a nuestro status de ciudadanía y es deber de los poderes públicos incorporar esa enseñanza a la Escuela. Item más: de acuerdo con ese artículo 10 de nuestra Constitución, y con el artículo 96, también la Jurisprudencia dictada por el Tribunal Europeo de Estrasburgo que aplica el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales se incorpora a nuestro derecho español y es por lo tanto fuente de juridicidad y define una ética civil de referencia.
Cualquiera que se tome la molestia de estudiar los contenidos de la asignatura de Educación para la ciudadanía y los derechos humanos, en sus programas y objetivos se dará cuenta de que no es desde luego una ética dogmática ni cerrada, no es tampoco un ética completa del ser humano sino una deontología de la ciudadanía; no es una ética total ni en su contenido –no es exhaustiva de las cuestiones éticas y morales- ni tampoco en su extensión ya que no invade las cuestiones de sentido, ni del fuero interno ni entra en las cuestiones felicitarias, o en la pregunta de la “vida buena”, ni en los problemas de lo sagrado o de la trascendencia, por lo que no invade ni inhabilita el discurso religioso, aunque reclama el ámbito de su propia competencia y hace explícitos unos valores éticos convivenciales que no pueden ser desconocidos por la ciudadanía cualquiera que sean sus posiciones religiosas o filosóficas, valores que –así son las cosas- no han sido definidos por instancias eclesiásticas ni religiosas sino por consensos políticos internacionales, y no son tampoco valores nuevos, improvisados por el actual Gobierno de España: están implícitos en el articulado de nuestra Constitución de 1978 y en las Declaraciones de Derechos Humanos a las que esta se refiere.

Según las posiciones contrarias a la asignatura, el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones se restringiría si se impone una materia de esas características. Parece que así se define de una manera absoluta el derecho formativo de los padres, como si ninguna otra instancia tuviera nada que decir respecto de la formación moral de los menores y estos fueran una simple prolongación, o una propiedad de los padres y las madres. En mi opinión creo más bien que en esta materia hay una concurrencia de derechos, ya que el Estado democrático tiene una legítima jurisdicción sobre la Escuela, aunque es evidente que nadie puede impedir a los padres, para que en el seno de la familia o en el marco de sus propias opciones religiosas concurran a esa educación de sus hijos con sus particulares propuestas. Es pertinente señalar que en el argumentario católico tradicional, paradógicamente, en otros momentos, se ha sostenido que en determinados aspectos es prevalente, frente a los padres, el derecho educativo del Estado e incluso el de la Iglesia. Así dice que –con razón- “el derecho educativo de los padres, no es absoluto y despótico, sino que depende de la ley natural y divina, y está, por ende, sujeto no sólo a la autoridad y juicio de la Iglesia, sino también, por razón del bien común, a la vigilancia y tutela del Estado; ni, efectivamente, es la familia sociedad perfecta que tenga en si misma todo lo necesario para su cabal y pleno perfeccionamiento.- (de la Encíclica Divini illius magistri, de 31 de diciembre de 1929 Leon XIII]).

Con un lenguaje más comprensible dice José Antonio Marina que de ninguna manera podemos admitir como razonable que los padres tengan el derecho – por muy padres que sean- a que en la escuela se inculquen a sus hijos ideas o valores éticos como el racismo, la discriminación sexual, el machismo, la cultura del odio y la violencia y otras alternativas ideológicas, luego está claro que en el ámbito de la educación hay un espacio de legitimo interés de la sociedad política –o sea el Estado- del que no puede dimitir.

© Javier Otaola

Pedro dijo...

Buenas tardes Dal.

Sólo un matiz de concepto

"La Pasión es el non plus ultra de la música"

si tu tienes límites, es el non plus ultra de tu música o de la música en tu disfrute.

algo tan sumamente directo y emocional como la música siempre tiene un plus ultra. como casi todo en esta vida... sólo hay que querer seguir buscándolo.

Dal dijo...

Gracias Pedro, bienvenido a esta casa y muchas felicidades en el día de los dos grandes Pedro y Pablo. Le daré un par de vueltas a eso que dices.

DAL