21 febrero 2007

Ash Wednesday

Dice Arp que prefiere el miércoles de Ceniza -aunque sin ayuno- al martes de Carnaval. El aforismo me recuerda mucho a un poema autobiográfico de Enrique García-Máiquez, en el que decía, creo, que en sus estudios navarros prefería San Fermín a los sanfermines.

Yo voy más allá. El miércoles de Ceniza -con su liturgia y ayuno incluidos-, me parece bellísimo, justo y necesario. ¡Qué bien viene recordar que somos polvo (polvo enamorado en mi caso) y que al polvo volveremos! Con la vorágine en que vivimos, es necesario que constatemos a diario que sólo Dios basta. Y, obviamente, lo prefiero a los carnavales.

Bueno, la verdad es a los carnavales prefiero cualquier cosa, incluso un baño en el Ganges o una clase de yoga.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y si es el Carnaval de Venecia?

Dal dijo...

Venecia siempre, pero mejor con poca gente (hay épocas y sestieres en los que es posible). Eso sí, con alojamiento en el Cipriani, rosario en S. Marcos, visita a la Academia, recuerdos al Condottiero, café en el Florián y dry martini en el Harry's bar.

Y leyendo a Goethe, a Byron, a James o al mismo Waugh (con brindis incluido por la conversión de Lord Marchmain).

César UMG dijo...

Yo también prefiero cualquier cosa al carnaval, sin excepciones. Ante los intentos de implantar (con subvención municipal y propaganda televisiva) esta fiesta en Madrid,siempre he sentido una extraña pero vigorosa sensación de rechazo (por la evidente chabacanería del resultado) e indulgencia (por el estulto entusiasmo de los participantes, digno de mejor causa). No salvaría Venecia, el concepto me sigue sin gustar por mucha sofisticación barroca y elitista que la ciudad aporte. De hecho, si hay algo que el carnaval veneciano certifica y ejemplifica es la decadencia de la ciudad. Venecia después de ser potencia marítima pasa a ser mera apariencia, mascarada. Lo describe fabulosamente Vintila Horia en su estupenda novela El Caballero de la resignación.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Creo que son cosas incomparables. Del carnaval se puede hablar en términos de gusto, como de un crucero o una espicha. La cuaresma tiene poco que ver con el gusto.

Jesús Sanz Rioja dijo...

C..., César, me alegro de encontrar un lector de Vintila. Justamente esa novela no la he leído, pero está a la espera.

Dal dijo...

Pues yo no he leído nada de Vintila. Gracias por la pista, y bienvenido a tu casa, César.

Estoy de acuerdo contigo, pero a medias, Jesús. Es difícil "compartimentalizar" el alma, y con el hábito nace el gusto. Gracias también a ti por tu entrada.