27 enero 2008

Expiación

Carmen y yo fuimos a verla ayer al cine y nos encantó. Es una película de Joe Wright, un joven director inglés nacido en 1972, un año antes que Florian Henckel von Donnersmarck, director de la espléndida
La vida de los otros. Gracias a ambos uno ha recobrado la esperanza en el cine europeo.

Tiene la cuidada puesta en escena de las buenas películas inglesas, con una parte deliciosa en la campiña inglesa y un duro e impecable reflejo de la dureza de la guerra, con el relato de la derrota británica en Dunkerque y de los bombardeos de Londres. Las interpretaciones son muy buenas: Keira Knightley –el saco de huesos más atractivo de los últimos tiempos– y James McAvoy componen una pareja muy creíble de enamorados marcados por la tragedia (aunque sobran la carrerita detrás del autobús en el Londres bombardeado y algún plano de la escena final de la playa, muy dabadabadá). Y están espléndidas la niña Saoirse Ronan, Harriet Walter y, en su breve presencia, Vanessa Redrgrave, las tres actrices (¡qué gran parecido entre ellas!) que dan vida a Briony Tallis, personaje central de la película, en diversas etapas de su vida.

Mención aparte merece la banda sonora, la mejor que recuerdo en muchos años. Compuesta por Dario Marianelli, tiene un protagonismo inusual en estos días. Tiene partes de cello y violín que ya quisieran los compositores “serios” de música de cámara de hoy. Y especialmente afortunado es el juego que hace con la percusión, con el tecleteo in crescendo de la máquina de escribir mezclado con el piano, que refleja el aumento de las pulsaciones del fantasioso corazón de Briony cuando descubre lo que ella cree que es lo que no es. Un corte de esto que os cuento se puede escuchar en la página web del film.

La trama no la destripo, pero trata del profundo pesar que marca la vida de Briony, por una actuación suya cuando era niña que tuvo funestas consecuencias. Tiene mucha miga, así que a ver si saco tiempo y hago otra entrada con mis reflexiones al respecto.

21 comentarios:

LFU dijo...

Muy buena la crítica. Yo también estuve el viernes con Paloma y nos gustó mucho. Muy buena la definición de Kira Knigthley y coincido en que la última escena de la playa no pega ni con cola. Pero el sábado vimos en casa "El Velo pintado" y me quedo con la segunda. Una gran película con un mensaje profundo y positivo sobre el matrimonio y la vida.

E. G-Máiquez dijo...

Agradezco mucho que me hayas llamado la atención sobre la banda sonora, que se me había pasado.
Y descorreré El velo pintado.

Verónica dijo...

La verdad es que discrepo al cien por cien. La película en cuestión me pareció el mayor bluff de los últimos tiempos: lenta, pedante, pretenciosa a más no poder. No se explica la pasión mantenida durante todos esos años entre los dos protagonistas (cómo me acordé de "El paciente inglés", película en la que se borda la historia de una pasión a lo largo de toda una vida), la niña pequeña es de bofetada, la narración carece de pulso y de vigor... Ahí me hubiera gustado ver a un James Ivory -ya que citas la campiña inglesa-, sin ir más lejos. Me aburrí muchísimo.
¿La música? Puede que no estuviera mal, pero tampoco me dejó huella.

Dal dijo...

Viva la discrepancia, Verónica.

1. La relación entre los protagonistas no nace de un "calentón", sino que esta claro que se viene fraguando desde hace tiempo, dado que ambos son alumnos de Cambridge.

2. Tampoco dura tantos años, puesto que el final de ambos no es el final que cuenta Briony en su novela.

3. La niña pequeña es estupenda, y en el fondo no tiene culpa de nada. Las dos escenas que presencia y la carta que lee explican su conducta. El problema está en la condena con base en ese testimonio, y la peli encierra una severa crítica a la sociedad clasista de la época.

Y el gran tema es la ausencia de redención de la mentalidad protestante. Todo trae causa de que Briony no conoce la confesión y el perdón sacramental.

¡Ay, a ver si saco tiempo!

E. G-Máiquez dijo...

Básica (y entusiastamente) estoy con las respuestas tan atinadas de Dal. Lo único que explica (fuera de la teología) el tormento de la hermana pequeña es la sospecha tenue pero insidiosa de que los celos hubiesen también tenido su papel, ¿no?

E. G-Máiquez dijo...

Para darle a Verónica su parte de razón, creo yo que a partir de que a él se lo llevan preso, la cosa, cinematográficamente, se desinfla un poco. Si bien me parece extraordinaria la escena en que Briony va a ver a su hermana al apartamentillo y se lo encuentra allí. Hay en toda la escena un tufo de irrealidad que no te explicas y que luego entiendes cuando la novelista lo cuenta en la tv. Está, me parece, muy bien llevado.

Verónica dijo...

Me sorprende que le hayáis sacado tanto jugo a una película tan vacua e insulsa como ésta. Mi problema estriba en que me parece que el director no ha sabido llevar bien la narración: no hace falta contar dos veces la misma anécdota (¡por favor, qué pesadez!) para explicar, de un lado, lo que la niña ve, y de otro, lo que en realidad acontece. Eso lo único que hace es prolongar la acción hasta el tedio (y esto es sólo un ejemplo). Este señor no ha visto "Rashomon" de Kurosawa: aquí se eleva a arte la técnica de contar varias veces lo mismo, y que parezca distinto... Lo que pasa es que eso mismo te lo cuenta un Clint Eastwood o un Robert Altman o el ya citado Ivory, y sencillamente te interesa. El argumento no me dice nada...

Por favor, claro que se podría hacer una tesis sobre la ética protestante, ¡pero no con esta película!. Para eso ya tenemos a Ingmar Bergman, o, por ceñirnos a un ejemplo más reciente, la obra maestra de su actriz fetiche, amante y discípula Liv Ullman "Infiel".

A mí me aburrió. La escena en que él llega a la playa, y ve los deshechos del campo de batalla -ese interminable plano continuo- pretende ser una muestra de "cine de autor", pero no cuela... Pero ¿quién se cree el tal Joe Wright? ¿Stanley Kubrick en "Atraco perfecto"? Eso sólo se lo pueden permitir unos pocos grandes, para que salga bien...

Podría seguir, pero me parece que me voy a callar ya.

Sólo una cosa más: no me compares esta peliculilla con la sublime "La vida de los otros". Aún no me he recuperado desde que la vi... Ésta en cambio es perfectamente olvidable.

Además, tiene razón Enrique: lo que le pasa a la niña es que es un poco cochina, y le gustaría que todo eso se lo hubieran dicho y hecho a ella. O sea, que encima hay un rollo freudiano que no me gusta nada...

Verónica dijo...

Por cierto, que para mí la pasión entre los dos queda limitada al encuentro sexual "interruptus" de la biblioteca. Montar a partir de ahí toda una vida no es creíble, parece que sale de la nada todo lo que viene despúes... Lo que tú dices de Cambridge nos lo tenemos que imaginar o reconstruir. Porque la verdad es que a la Knightley -que, por cierto, me encanta en otras pelis, sobre todo en "Love actually"- no le cambia el rictus en toda la película. Nada de auténtica pasión, nada de amor de verdad. El tecleteo de la máquina de escribir -pretendiendo simular el crescendo de las pasiones desbordadas en ese tórrido verano-, aparte de parecerme un recurso facilón, a mí me sacó de mis casillas.

Dal dijo...

Verónica, es que no me ha quedado muy claro: ¿te gustó la peli?

Un abrazo y ya comentaremos en vivo.

Verónica dijo...

¿Necesitas más aclaraciones? Lo que pasa es que soy discutidora por naturaleza, me lo paso muy bien.

Jesús Beades dijo...

Es de las mejores películas que he visto en muchos años. Concedo -sólamente- que McEwan me apasiona, y que esta novela me conmocionó, como un disparo narrativo, con un intensidad ansiosa, y a la vez melancólica. Aunque, ahora que lo pienso, más que una confesión, mi McEwanismo es algo que hace más sorprendente y extraño mi agrado por la peli.
Es verdad que hay dos ritmos, dos momentos marcados en la peli, y que el primero es magistral. Pero el segundo está muy bien y, de hecho, no imagino algo mejor, teniendo en cuenta cómo es la novela, y lo fiel que sigue la película el argumento y ciertos detalles visuales.
La música, estupenda. Pero mi mujer pudo adivinar el final, precisamente por el sonido de las teclas. Curioso.
Verónica: cuando encuentro tanta aversión, tanto énfasis, en una crítica de arte (reseña literaria por ejemplo), siempre me huele a una pasión extra-artística, a un rechazo moral o apriorístico. Sobre todo cuando el objeto reseñado no es objetivamente de mala calidad, como en este caso.

Dal dijo...

Muy agudo tu comentario, y muy sagaz tu mujer, Jesús.

ARP dijo...

Me voy a poner del lado de Verónica, ante tanto abusón como aparece por aquí. Soy un abierto partidario de las críticas viscerales, sin que tengan por qué psicoanalizarme cada vez que hago una.
No he visto la película, pero no sé por qué me da que no me iba a gustar. No me cae bien McEwan, quizá porque me recomendaron hace años Los perros negros y la novela me pareció un bodrio: a todo tirar puedes encontrar un rollito de culpabilidad pero muy tenue, para todos los públicos, como un hilillo del tapiz de Dostoyevski.
Si el director es el mismo de Orgullo y prejuicio, como mucho -salvo milagro- habrá hecho una película mediocre. Kira Knightley, dejando de lado lo obvio, no sé si puede definirse como actriz, porque es inexpresiva hasta extremos increíbles.

Dal dijo...

¡Bravo, Arp, tú si que eres un caballero! Aunque, como sabes, Verónica se cuida bien sola. Espero anhelante su réplica.

Y discrepo de la "obviedad" en Kira. Sí se da en Mónica Belluci, pero a mi parecer no tanto en ese saco de huesos.

Por cierto, como creo que todos conocéis a Alberto Fijo, quizás os interese su crítica de la peli, aquí.

Verónica dijo...

Beades, tu crítica me parece, como poco, tan visceral como la mía (si es que lo es). Fui ávida al cine a ver Expiación, y no tenía ningún prejuicio a favor ni en contra de McEwan porque no he leído nada de él, pero la película se me antojaba apetecible. No me gustó, no me pareció bien contada, da por supuestas muchísimas cosas. Quizá, por ser piadosa, se salva -estoy con Enrique- la escena en que la niña, ya mayor, vuelve a ver a su hermana a su casa "pobre"... Y digo quizá, porque no me creo tampoco que la Knightley -frívola y caprichosa según nos la pintan- asuma el "contigo pan y cebolla" tan así como así... No me lo creo. Qué le voy a hacer.

En cualquier caso, gracias amigo Arp por echarme un capote, y a Dal por su hospitalidad. Siento no poder desarrollar más la idea, pero no tengo tiempo, ni creo que la película lo merezca tampoco. Eso sí, al menos me ha dado pie a hablar con vosotros. Un abrazo.

Verónica dijo...

Acabo de leer la crítica de Alberto Fijo. Me parece que vimos una película distinta.

E. G-Máiquez dijo...

Yo tampoco vi la misma película que Fijo. Me parece que el mal tiene un papel bastante secundario: exactamente el que juegan el chocolatero y esa prima de nombre tan obvio: Lolita.

Verónica dijo...

¡Menos mal que alguien se ha dado cuenta, Enrique!

Agus Alonso-G. dijo...

A mí me gustó tanto la novela que iba al cine deseando que me gustara la película. Aquí quien más, quien menos parte de apriorismos. Y me gustó. Reconozco, sin embargo, que no me la compraré en DVD, lo cual dice bastante. Reconozco, también, que solo entiendo la peli dependiendo del libro, y no sé si eso habla en su favor. Estoy de acuerdo en los alfileres tan endebles en los que se sostiene el amor de la pareja protagonista, pero es que eso está en el libro, y tiene su coherencia. Es decir, quizá el amor -que como alguien ha dicho ya, era de largo aunque latente recorrido- hubiese muerto en otras circunstancias, aunque tampoco lo apostaría, pero la desgracia lo hizo fuerte. Insisto, en el libro esto está brillantemente desarrollado.

En cualquier caso, me quedo con la película. La escena de la playa –por replicar a Verónica- me parece brillante y efectiva (la música, el coro de soldados… me parece mucho más que un ejercicio de estilo). La música de Marianelli es magistral. Las interpretaciones, especialmente de Keyra y de las tres Briony, son más que correctas.

Verónica dijo...

Es de las pocas veces en que disiento de Agus, pero sea bienvenida la discrepancia, como dice Dal. Quizá es que yo no leí el libro. Pero el Cine -con mayúsculas- no debe ser para iniciados. Se me ocurren un montón de ejemplos que ilustrarían esta afirmación. Con todo, McEwan me da un poco de pereza. Llámale "coste de oportunidad".

Montse Doval dijo...

Fui a verla con ilusión y, como Verónica, la verdad es que me quedé muy defraudada.
Efectivamente no hace falta contar la misma anécdota dos veces para que se sepa que hay dos puntos de vista. Me gustaba la historia pero me parecía que el director la había destripado.
Así que me compré la novela y estoy en medio de la misma sensación de fraude: buen tema pero mal desarrollado. O sea, que este señor ni es Dostoyewski ni siquiera Evelyn Waught. No creo que hubiera un problema de celos de Briony sino el desplome total de la inocencia.
Por último: maldito repiqueteo de la puñetera máquina de escribir, hombre.