02 febrero 2007

Chesterton

Es el feliz título de una nueva revista que lanzan mi amigo Álex Rosal y otros audaces. Conforta ver cómo están surgiendo muchas iniciativas de este tipo, promovidas por personas (me niego a usar el gramsciano término sociedad civil y más aún el de ciudadanos) todavía capaces de reacción ante la que está cayendo.

De momento, yo ya me he suscrito.

01 febrero 2007

Toses

No puedo soportar las toses en los conciertos. Ayer, el Cuarteto Hagen tocaba un idem de Haydn, cinco fugas del clave bien temperado del gran Bach, arregladas para cuarteto por Mozart, y nada menos que el cuarteto op. 127 de Beethoven. El lirismo, el recogimiento, la emoción, y la gratitud se veían truncadas cada instante por carraspeos, toses estentóreas y todo tipo de ruidos de bípedos implumes. No puedo con ello. Carmen piensa que me paso, pero me reafirmo: es impresentable.

Y con el cabreo viene la extrapolación: es un signo de los tiempos, reflejo de nuestra sociedad actual. El 100% de los carraspeos y el 90% de las toses, pueden evitarse. Y los estornudos pueden mitigarse hasta hacerse casi imperceptibles. El problema es, una vez más, la falta de fuerza de voluntad, la autoindulgencia y la falta de respeto a los demás. ¿Que me apetece carraspear? pues carraspeo y que arda Troya, y si a los demás les pica, que se rasquen. Hago en cada momento lo que quiero, con independencia de que eso coincida o no con lo que debo. Esto nos pasa especialmente a los españoles: no hace mucho, Thomas Quasthoff nos echó una bronca después de cantar La bella molinera en el Auditorio Nacional, de órdago. No le faltaba razón.

Por cierto, la gravedad del crimen es aún mayor si se tiene cuenta que el número de víctimas se multipliará en breve: el concierto fue grabado para Radio 2 y se retransmitirá el 24 de marzo a las 12.00. Dicho lo cual, si las toses no se oyen o sois más tolerantes que yo, os recomiendo su audición: los Hagen, enormes.

31 enero 2007

La trama masónica

Es un excelente libro sobre los hijos de la viuda. Su autor, Manuel Guerra, hasta ahora totalmente desconocido para mí, hace gala de un conocimiento exhaustivo de un tema que, lejos de ser una más de las "teorías de la conspiración", está presente, pero que muy presente, en nuestros días.

Que confirme una vez más que Zapatero es masón, o que afirme que la vicepresidenta De la Vega, Moratinos y López-Aguilar también lo son (la primera desde antiguo) y que constate cómo su política cumple a rajatabla las líneas maestras del pensamiento masónico, no está exento de interés; como tampoco lo está que afirme que hay bastantes masones en el PP y que Aznar pertenece a Skulls and bones, organización no estrictamente masónica pero que, desde luego, no es trigo limpio (¿serán por eso su viraje neocon, sus últimos invitados a Faes, su encendida defensa de Israel, su melena y sus pulseritas?).

Lo que realmente vale la pena son otras cosas: el análisis profundo que hace de la cosmovisión masónica y de lo que de ella se deriva; su constatación (una vez más) de la radical incompatibilidad de la masonería con la fe católica; su conocimiento de las diversas obediencias; su claridad expositiva. Es muy superior al último best-seller de César Vidal, comparable al Triple secreto de la masonería de De la Cierva. De lectura imprescindible para todos los que les interesa la materia en particular y la cosa pública en general.

Por cierto, quien quiera profundizar en el tema debe leer también Darkness visible de Walton Hannah, Esquema filosófico de la masonería, del masón y profesor de la UCM Francisco Espinar Lafuente, y La politique des franc masons de Jacques Miterrand, socialista hermano de François, auténtico introuvable --desapareció de todas las librerías a los dos meses de su publicación-- que expone descarnadamente el hermanamiento masonería-socialismo a través de la Internacional Socialista.

A ver si saco tiempo, venzo perezas y escribo más sobre esto.

28 enero 2007

También lo intentaron con JP II

Un excelente artículo de Joaquín Navarro-Valls.

26 enero 2007

Fundación Burke

Un artículo interesante de mi amigo Antonio Arcones, presidente de la Fundación Burke. Por cierto, qué gran razón tenía el bueno de D. Edmund:

"Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada".

A ver si un año de estos le hinco el diente a sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa.

25 enero 2007

Arp

Si algún aficionado al ¿arte? contemporáneo desemboca por aquí traído en volandas por Google, le diré que esta entrada nada tiene que ver con con el escultor, poeta y pintor francoalemán que le daba a la escultura biomórfica. No. Me refiero a otro Arp, el autor de Compostela, un blog de culto visitado por una parroquia de iniciados más reducida pero seguro que también más agradecida.

Llegué a él buscando referencias de d'Ors en la web, gracias a él conocí a fondo a Flannery, accedí otros blogs estupendos, y a muchas otras lecturas que enaltecen mi espíritu. Me gustan su laconismo castellano (de Castrojeriz, nada menos), su prosa comedida (entre jimenezlozanesca y delibesina), su horror por la hipérbole y su rechazo al halago, sobre todo al fácil. Me impresionan su modestia y su valentía (proclama su pertenencia al Opus Dei sin miramientos). Y además, saca tiempo para responder a los emails de lectores más o menos pesados como si de verdad le interesasen. En fin, un tipo de primera.

Ahora que parece que ha estado algo pachucho y que, pese a la inminencia sus oposiciones, sigue atendiendo su blog con admirable tesón, yo, que soy incapaz de mantener el mío mínimamente abastecido (su final se aproxima inexorable), quiero rendirle un modesto pero emocionado homenaje de gratitud.

23 enero 2007

Pesadilla

Te olvidas de tu clave de acceso a Blogger, y no puedes publicar entradas. Día tras día observas cómo tus brillantes ideas no pueden ver la luz, y sufres al ver cómo tu blog languidece.

Te despiertas. Era mentira.

07 enero 2007

Zapatero-Romanones

¡Nunca jamás! Al menos, de momento.

29 diciembre 2006

Barioná, el hijo del trueno



Se trata de un pequeño auto de navidad escrito por Jean Paul Sartre (sí, Sartre) mientras estuvo retenido en el Stalag 12D, un campo de prisioneros nazi, a petición de los capellanes que allí había. Por cierto, no hay muchos datos de esta retención, y no faltan autores que acusan a Satre de colaboracionista, pero el tema no viene ahora a cuento. El caso es que la obra se sitúa en las horas anteriores y posteriores al nacimiento de Cristo, y muestra la evolución que, a raíz del Acontecimiento, sufre Barioná, un anarco-palestino hastiado del sometimiento romano. Fue representada en la Nochebuena de 1940 ante más de doce mil soldados prisioneros, y el mismo Sartre actuó en ella.

Sartre renegó siempre de este texto --cuya difusión hubiera sido perjudicial para su estudiada e interesada pose-- y se se negó siempre a su reedición, lo hizo de él un introuvable.Sin embargo, José Ángel Agejas, profesor de la UFV, siguió tenazmente su rastro y logró hacerse con un ejemplar, que otro profesor, Tomás Alfaro, tradujo al español y que ha sido publicado por la Voz de Papel, con un excelente ensayo introductorio del propio Agejas. Desde entonces han sido varias las representaciones de la obra en los foros más insospechados, con resultados siempre sorprendentes (la última de ellas, sin ir más lejos, en la Facultad de Políticas de la Complutense, auténtico territorio comanche).

En verdad es un instrumento excelente para la propaganda fidei, porque el nombre del existencialista francés rompe los prejuicios que la progresía y los laicistas pudieran tener a la hora de leer (o asistir a la representación de) un auto de navidad. Y es que el libro está francamente bien, con pasajes impresionantes. Fijaos en éste donde el ateazo de Jean-Paul nos muestra con ternura exquisita a María con el Niño en brazos:

"La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría que describir de su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para una madre tener vergüenza de sí y de su condición humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo, es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos y la forma de su boca es la de la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha tenido así a su Dios para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que de puede tocar; y que sonríe. Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe."



Además de bellísimo, el texto es una muestra, creo, de que todos estamos llamados a la santidad y de que incluso Sartre tuvo algún momento de intimidad con su Creador (no puedo creer que este texto le saliese "profesionalmente", sin emoción). Ahora bien, como siempre, Él llega a la puerta y llama. Si luego no le abrimos es cosa nuestra.

28 diciembre 2006

Amazon

Frente a la ola de rancio laicismo que nos invade, Amazon, siempre a la última, acaba de sacar nada menos que el Amazon Bible Store.

24 diciembre 2006

El Creador es un niño que llora

Con este bello endecasílabo (San) Juan Pablo II Magno sintetizó a la perfección el acontecimiento que supuso el "parteaguas" de la Historia.

El Dios todopoderoso, el que encerró con puertas el mar, el que anuda los lazos de las Pléyades y desata las cuerdas de Orión; el Dios al que conocíamos sólo de oídas --no os perdáis Job 38 ss., non plus ultra-- se ha encarnado en un bebé, mocoso y llorón, a quien su Madre envolvió en pañales. Así lo cuenta Lucas, de modo lacónico, sencillo y emocionante (qué diferencia con el nacimiento de Buda, tan kistch), y así debemos predicarlo nosotros, a tiempo y a destiempo.

Hay que velar por no perder la emoción, el estupor, la gratitud y el asombro ante esta kenosis, a la que nunca acabas de verle el fondo. Hay que pedir la gracia de que nos sea dada la percepción, aunque sea por un segundo, de este enorme misterio: Dios hecho hombre. Como ha dicho Benedicto XVI en varias ocasiones, un Dios tan grande que puede hacerse pequeño. Es un escándalo casi violento, al que no puede encontrarse explicación racional. La única respuesta es la que aventuró Guardini: "el amor hace cosas así".

Este Dios que se abaja hasta hacerse niño es tan impresionante como el Dios-ultrajado de la Pasión, y no puede dejarnos indiferentes. Al contrario, tiene que movernos a la constante conversión y, sobre todo, a rechazar la tentación de la despesperanza. Porque Dios se ha hecho hombre, no puede haber lugar para el derrotismo, ni para la tristeza. Por mucho que el día a día pueda presentarse oscuro, tenemos la certeza de que estamos salvados, y de que ganaremos la batalla, porque nada nos separará del amor de Dios.

Ojalá nunca nos acostumbremos a la Navidad.

14 diciembre 2006

Felicitación de Navidad

No os perdáis el magnífico artículo del combativo Enrique (felicidades en el día de tu patrono, poeta). Propongo un concurso de Christmas no navideños, y de frases penosas. De momento arrasa Gallardón con su modernidad, pero todo se andará.

Mientras tanto, he aquí una felicitación políticamente correcta que me ha hecho gracia:

Dear friends,
I wanted to send out some sort of holiday greeting, but it is so difficult in today's world to know exactly what to say without offending someone. I have therefore sought legal advice and I wish to say to you :-
Please accept with no obligation, either implied, or implicit, my best wishes for an environmentally conscious, socially responsible, low stress, non-addictive, gender neutral, celebration of the winter solstice holiday (summer solstice in the Southern Hemisphere), practised within the most enjoyable traditions of the religious persuasion, or the secular practices, of your choice, with respect for the religious/secular persuasions and/or traditions of others, or their choice not to practice religious, or secular, traditions at all.
I also wish you a financially successful, personally fulfilling, and medically uncomplicated recognition of the onset of the generally accepted calendar year 2007, but not without due respect for the calendars of choice of other cultures, whose contributions to society have made the Kingdom of Spain great (not to imply that the Kingdom of Spain is necessarily greater than another country or it may qualify as a nation), and without regard to race, creed, colour, age, physical ability, religious faith, or sexual preferences of the wishees, and those of whom this salutation is addressed.
By accepting this greeting, you are accepting these terms; This greeting is subject to clarification, or withdrawal. It is freely transferable to a third party, but without any alteration to the original greeting. It implies no promise by the wishers to actually implement any of these wishes for her/himself, or others, and is void where prohibited by law, and is revocable at the sole discretion of the wishers. This wish is warranted as expected within the usual application of good tidings for a period of one calendar year, or until the issuance of a subsequent holiday period greeting, whichever shall occur first, and warranty, either implicit or implied, is limited to replacement of this wish, or issuance of a new wish at the sole discretion of the wishers.
Legally binding yours,

D.

11 diciembre 2006

Cluedo


David ha pedido a los Reyes el Cluedo. Cuando Carmen ha ido de paje de SS.MM. se ha encontrado con que, en la versión actual, ya no están ni la Srta. Amapola, ni el doctor Mandarino, ni la profesora Rubio, ni el rancio marqués de Marina. Qué va. Ahora entre los (potenciales) asesinos están un sacerdote (con alzacuellos, of course) y un militar.

No sé por qué me da que a los Reyes esto no les va a gustar nada.

07 diciembre 2006

El gran silencio (y III)

Me había referido a ella no en una, sino en dos ocasiones. Ayer fui a verla al cine con Carmen y con J.A. Presas. Pensábamos que, al estar en medio del "puente", no habría problemas con las entradas. Nos equivocamos. Llegamos una hora antes y nos las dieron de la fila 3. El cine abarrotado. Pese a ello, pudimos verla bien.

La película (o documental) es cine "de autor". Philip Gröning emplea 2,45 horas en mostrarnos la vida cotidiana de los monjes cartujos, y lo hace con enorme cariño, respeto y precisión. No hay guión, no hay otro diálogo que el brevísimo que mantienen los monjes cuando, el domingo, salen a dar un paseo. No hay otra música que la de los cantos litúrgicos. Pero está llena de sonidos: gotas de agua; viento; pasos calmos o presurosos de los monjes; tela cortada bajo las sabias manos del "monje-sastre" que toma las medidas a un novicio: todo lo que en la vida ordinaria apenas percibimos tiene allí riqueza y variedad.

La disciplina de vida de los monjes es admirable. En permanente silencio, hacen su vida en sus celdas, duermen en colchones de paja, y sólo tienen una pequeña estufa. Todo su exigente horario está dirigido a la unión con Dios. Únicamente el domingo almuerzan en comunidad y salen a dar un paseo y, como decía, pueden conversar algo. Por cierto, es magnífico el diálogo que tienen acerca de los tres grifos de agua que hay en otro monasterio, frente al único grifo que abastece a esta comunidad, y acerca de si el símbolo de lavarse las manos antes de entrar en el refectorio tiene o no sentido, cuando ya están limpios. El abad (¿o prior?) da la respuesta adecuada: basta con uno y los otros dosson superfluos, y lavarse es un símbolo. El símbolo no es en absoluto superfluo, sino que es lo que da sentido a todo, lo que nos pone en conexión con lo inefable, nuestra fuerza y nuestra barrera.

Gröning filma primorosamente cada rincón, cada planta, cada gota de agua, como diciéndonos que en ello se puede ver la huella del Creador. También intercala toda la película con reposados primeros planos de los rostros de cada uno de los monjes (como siempre, cualquiera de ellos es más expresivo que el resto de las criaturas). Ninguno de ellos habla en esos planos salvo, al final, un viejo monje ciego que derrama felicidad y gratitud a borbotones por la bondad infinita de Dios y su previsible próximo encuentro con Él.

Filma también Gröning en "cámara rápida" el paso de las estrellas a través del cielo, como para decirnos que todas son fugaces, que el tiempo pasa mientras que la vida en la Cartuja es un eterno presente (quizás como anticipo del Cielo). En ello ví su homenaje cinematográfico a la divisa trapense: Stat crux, dum volvitur orbis.

La película es tan austera como la vida de estos héroes. Sí, héroes: los contemplativos están en primera línea de combate y sólo en la Eternidad veremos el bien que hacen por la humanidad. Es larga, muy larga, y hay que verla con atención. Pero vale realmente la pena.

02 diciembre 2006

Manifestaciones

En su entrada de hoy, el lúcido Enrique viene a decir que, pese a que participa en manifestaciones a favor de la víctimas del terrorismo y en contra de la política errática del Solemne, no termina de verse en ellas. Es normal, a mí y a muchos otros nos pasa lo mismo.

Sin embargo, creo que la explicación que da Enrique de esa incomodidad que tantos sentimos, quizás no sea la correcta. No me parece que la cuestión sea si masa o individuo. Las masas, benditas masas si se trata de una misa en San Pedro o de un encuentro de los jóvenes con el Papa, como el que tuvimos hace unos años con (San) Juan Pablo II en Cuatro Vientos.

A mi juicio, la causa última de la incomodidad apuntada está en nuestra fe. Como sucede con tantas otras cosas de este mundo post-cristiano, las manifestaciones son sucedáneos laicos de tradiciones católicas llenas de sentido. Para pedir algo ("reivindicar" en la teminología de las manifestaciones), los católicos propiamente no nos manifestamos, sino que sacamos a la Virgen o a los Santos en procesión.

La manifestación es siempre algo ridícula: se va de un sitio a otro coreando eslóganes, se termina oyendo un discurso y se disuelve uno. Por el contrario, en la procesión también vamos de un sitio a otro, pero tiene todo el sentido: nos recuerda nuestra condición de peregrinos en este mundo y simboliza el paso de la Jerusalén terrena a la Jerusalén celestial (¡qué bellísimas lecturas apocalípticas de las de las misas de estos días de fin de año litúrgico!). Cuando nos manifestamos, en definitiva, estamos haciendo algo que no nos es propio.

Algo parecido sucede con los también ridículos minutos de silencio (¿para qué?). Para nosotros el silencio no es un fin en sí mismo, sino un medio para entrar en oración, que es siempre diálogo con Alguien.

Por eso, yo siempre aprovecho los minutos de silencio de apoyo a las víctimas, para rezar el Salmo: Señor, confunde a nuestros enemigos...

30 noviembre 2006

Natividad

Estamos de suerte con el cine. Además de El Gran Silencio se estrena también Natividad, sobre la infancia de Jesús. Dicen que está muy bien aquí y aquí.

Para ir a verla con los niños en Navidad, evitando con ello al pesado de Papá Noel o la (pen)última ñoñería new age.

Contra la desesperanza

A salto de mata, he podido terminar de leer la Instrucción Pastoral. Tendría algunas objeciones menores (de matiz) a dos o tres puntos, pero pese a ello no le privo de la calificación de sobresaliente. De momento, os transcribo un pequeño fragmento en el que los obispos nos ponen en guardia contra la desesperanza que podemos sentir los católicos, con la que está cayendo. Me ha ayudado mucho:

"La desesperanza. Para muchos cristianos, la desesperanza es una verdadera tentación, una auténtica amenaza. Es cierto que hay muchas dificultades, en la Iglesia y en el mundo. Es cierto que la Iglesia y los cristianos hemos perdido mucha influencia en la sociedad y tenemos que afrontar duras situaciones de empobrecimiento. Pero también es cierto que Dios nos ama irrevocablemente; que Jesús nos ha prometido su presencia y su asistencia hasta el fin del mundo; que Dios, en su providencia, de los males saca bienes para sus hijos. La Iglesia y la salvación del mundo no son obra nuestra, sino empresa de Dios. No es el momento de mirar atrás añorando tiempos aparente o realmente más fáciles y más fecundos. No hay fecundidad sin sufrimiento. Dios nos llama a la humildad y a la confianza, seguros de que en nuestra debilidad actual se manifestará el poder de su gracia y de su misericordia. En la providencia misericordiosa de Dios nuestro Padre, las dificultades contribuyen también al bien de sus hijos: nos purifican, nos mueven al arrepentimiento y a la renovación espiritual. La cruz es el camino para la Vida. A nosotros toca secundar con humildad y fortaleza los planes de Dios y saber apreciar las nuevas iniciativas que surgen en la Iglesia como frutos del Espíritu y motivos para la esperanza. La Iglesia no pone nunca su esperanza ni encuentra su apoyo en ninguna institución temporal, pues sería poner en duda el señorío de Jesucristo, su único Señor".

No sé si Arp se animará a tratar de esta Instrucción Pastoral en su protoblog. Sería estupendo.

29 noviembre 2006

Instrucción pastoral

Aquí está la tan esperada Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal sobre Orientaciones morales ante la situación actual de España. Como siempre, conviene leerla despacio y desconfiar de cualquier cita periodística que de ella se haga.

23 noviembre 2006

El gran silencio

Cuatro meses después, parece que llega a nuestras pantallas. Podéis ver críticas aquí y aquí.

No hay que perdérsela.

21 noviembre 2006

Citas

Homilía del Padre Abad de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (20.11.06)

"Cuando el profeta Isaías describe la ciudad de Jerusalén como futuro lugar de la presencia y de las bendiciones de Dios para Israel y para todos los pueblos, lo hace con estas palabras: "al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán las gentes, caminarán pueblos numerosos; Dirán: venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob" (Is. 2, 2-3).

¿Cómo no percibir la afinidad de esta descripción con la que se puede hacer de este lugar del Valle, donde los montes y las cumbres sirven de sólido asiento a esta Casa y a esta Cruz del Señor? Vosotros habéis dicho hoy: subamos a ese monte, no sólo a honrar a los muertos, sino a percibir el aliento de vida que brota de este altar, de este Cristo que nos preside, crucificado y resucitado, de esta Cruz que, como la serpiente que fue elevada en el desierto, ha sido erigida sobre ese pedestal colosal para sanar a este pueblo nuestro y a todos los pueblos que un día contemplarán en la Cruz el signo de la victoria sobre el poder del mal y de la muerte. Será el día en que tal vez gentes y pueblos numerosos sean convocados a subir al monte de la Cruz para adorar el signo de la redención.

Cruz para la paz y la reconciliación del mundo y de España. Ella es vida y resurrección para todos. Por eso, los muertos por los que hoy oramos, presentes aquí o en cualquier tierra de España, no son ya ni de unos ni de otros. Todos nos pertenecen a todos, porque todos pertenecen ya a Dios. Ante Dios no hay ni vencedores ni vencidos; cada uno lleva, ante su tribunal, el peso de sus propias obras.

Para nosotros ya están en paz los que ayer estuvieron en guerra. Ya están hermanados desde que se han encontrado ante el mismo Juez y Padre. Su mensaje común a nosotros nos dice: vivid en armonía, en justicia, en verdadera fraternidad; superad vuestras rivalidades; dad a Dios lo que es de Dios y daros a vosotros la paz de los corazones, para que, como dice el salmista, haya paz dentro de vuestros muros, seguridad en vuestra sociedad.

Y si es posible, dejad también en paz este lugar ; permitid que siga siendo un espacio de paz y espiritualidad como lo ha sido hasta ahora para la mayor parte de las personas que se han acercado hasta aquí. El Valle tiene una sola misión: la paz y la oración, como dicen los símbolos que lo configuran: una Cruz, un templo, un monasterio, un lugar de acogida para quien busca el silencio y el sosiego: ¿a quién ofenden esos símbolos, universalmente considerados como emblemas de reconciliación y de paz?

Unos edificios, por cierto, construidos por trabajadores que, en su totalidad, eligieron libremente participar en las obras del monumento, incluidos los que, en situación de cumplimiento de penas, decidieron por sí mismos redimirlas por el trabajo, de acuerdo con la legislación vigente –hasta seis días de redención por uno de trabajo-, en condiciones de estricta igualdad laboral, salarial y social con el resto de trabajadores.

Muchos de ellos convivieron aquí con sus familias en sus propias casas, y permanecieron trabajando libremente cuando, en muy pocos años, concluyó su situación penal. La cifra de los que murieron durante las obras, supuestamente a causa de la dureza del trato y del trabajo, no fue la de docenas o centenares, como tantas veces se afirma, sino de 14, de ellos al menos la mitad pertenecientes a los trabajadores libres, y debido a accidentes laborales. Así según los servicios médicos del Consejo de Obras, dirigidos por uno de los penados.

Dejémonos, pues, reconciliar. Sin olvidar que la reconciliación tiene exigencias recíprocas. No hay reconciliación cuando se hostigan los sentimientos religiosos, los principios morales, los valores humanos, familiares o patrióticos que han sido la herencia secular del conjunto de nuestra sociedad y que hoy son todavía el patrimonio más estimable de la mayor parte de ella. La reconciliación no puede ser el desarme de unos para hacer posible el proyecto de hegemonía de los otros.

A que no sea así ha de contribuir también la reconciliación con la memoria.
Estamos ahora ocupados en recuperar nuestra memoria histórica. No es ocioso recordar a este propósito que es aquí donde, hace ya casi cincuenta años, esa memoria es viva y permanente. Sin discriminaciones, sin que nadie la imponga, ni la vocee a los cuatro vientos, ni la cobre. Ha sido y es una memoria callada, una palabra dicha en el silencio, dirigida a Dios, escuchada por los muertos que aquí reposan, pronunciada sólo por voces de monjes y niños de coro, pero en las que suena la voz de toda España.


Es la memoria ante la Cruz y ante los santos que pueblan esta Basílica, memoria convertida en Eucaristía, Sacrificio y Resurrección para que esos muertos tengan vida, no sólo en el recuerdo de los hombres, sino en la presencia del Dios vivo. Con esto queremos subrayar que esa memoria ha nacido aquí y aquí ha tenido algunas de las expresiones más estimables: la que dio el sepulcro más digno a los caídos, la que pide para ellos, diariamente, la piedad de Dios, al margen de panegíricos o apologías de nadie en particular.

Entre nosotros la memoria histórica es multiforme y exige de todos ser honestos con ella para recordarlo todo, para que no sea una memoria desmemoriada, excluyente de las realidades que se ha determinado eliminar del nuevo proyecto por el que debe caminar España. Hacer tabla rasa de la historia viva, marcada por siglos de cultura y espiritualidad, sería un fraude inaceptable y absurdo, que vendría a decir que no venimos de ningún sitio ni vamos en ninguna dirección.

Nadie puede, en nombre de nada, abolir lo que las generaciones anteriores han creído, amado y vivido como lo más verdadero y preciado de su existencia. Una verdad multisecular no se anula con la hipótesis de un día. Los que la han construido y transmitido reclaman la reposición de esa herencia, que está cimentada en la fe, en la vida y tantas veces en la sangre, y que sabe situarse creadoramente frente a nuevos espacios y tiempos, después de discernirlos cuidadosamente.

La memoria que necesitamos recuperar es la memoria de nosotros mismos: de los rasgos fundamentales del hombre español, de todo lo que hemos sido, de toda nuestra riqueza y variedad: la memoria de la colectividad y de lo colectivo, en los que se reconoce la gran mayoría de los españoles y en los que se funden historia y religión, pueblo y Dios. Por tanto, memoria entera de España entera, de manera que la memoria de unos pocos no anule la de siglos y generaciones de españoles.

Ha de ser, también, la memoria de un futuro que no resulte una invención arbitraria, sino que refleje la memoria de la España real. Sin ella estaríamos ante un futuro sin futuro, sin porvenir ni esperanza; un futuro sin España y sin Dios, donde sólo quedaría el recuerdo inerme de una nación muerta a su historia, a su espíritu y a su fe.

Necesitamos una memoria de España que sea igualmente memoria de Dios. Borrar a Dios es borrar a España, en cuya historia el suyo ha sido el nombre más amado y pronunciado, la presencia más estimulante. Sin Él la invocación de la memoria histórica se convierte en una impostura intelectual e histórica, como ocurre en la Constitución Europea.
El silencio sobre Dios es, inevitablemente, el peor de los presagios. El representa el fin de la verdad, de la historia, del hombre; el fin absoluto de toda utopía y esperanza; el fin de la propia Razón, porque también la Razón subsiste, como todo el hombre, en Dios. Sin verdades axiomáticas no se puede establecer ni exigir ningún deber. Pero donde no hay deber ni moral sólo hay barbarie y absolutismo, sólo nos queda un futuro libertario pero sin libertad.

Sin Dios España se revestirá de una identidad apócrifa y hará que en adelante sean apócrifas todas sus obras. Tampoco le pertenecerá ninguna página de su pasado, porque en cada una de ellas está impresa su huella, ni podrá mirar hacia atrás sin experimentar la conciencia de haber extinguido el dinamismo fundamental de nuestra vida personal y colectiva. La amenaza de ayer fue el comunismo, la de hoy es el nihilismo.

Pero, como se preguntaba el Papa Juan Pablo II: "¿puede ir la historia contra la corriente de las conciencias?", ( Memoria e identidad, Madrid, 2005). No se hace nada a favor del hombre cuando se atenta contra su condición espiritual, cuando se le impulsa a vivir contra el orden, la verdad y el amor de Dios.

La situación más opresiva no es la que restringe algunos derechos ciudadanos, sino aquella que nos confisca los valores primarios: espirituales y morales, humanos y sociales, el que ofusca la conciencia del bien y del mal, el que nos desposee de la verdadera identidad histórica. Cuando se extingue el espíritu de un pueblo se extingue con él la totalidad de su ser, su realidad y su genio. Entonces esa criatura nueva que soñamos puede estar siendo producida no sólo en los laboratorios, sino también en los medios de comunicación, en los parlamentos (leyes) o en las aulas escolares.

El resultado es que el depósito de creencias y valores espirituales y morales presentes en la sociedad, española y europea, está bajo mínimos, mientras ese patrimonio es considerado parte del pasado que pertenece ya a una época de tinieblas. Por ello los hombres hemos decidido darle un nuevo estatuto al mundo.

Pero nos debiera producir zozobra vivir de espaldas a todo lo que ha dado vida a las generaciones anteriores, porque la experiencia de las actuales es bastante más sombría, a pesar de las 'luces' y de la ciencia. Hemos entrado, así, en un estado de demencia tranquila que nos representamos como el logro de la utopía hacia la que la humanidad ha venido caminando. Por eso hemos de ser conscientes de que el mundo debe ser renovado, a fin de restablecer el orden de la creación y de la redención. Es, por tanto, de nuevo, la hora de Cristo, Luz y Ley del mundo.

En cuanto a nosotros , aunque en algún momento tengamos la sensación de que España se apaga, podemos mantener la confianza de que el servicio secular de España a Dios no va a quedar estéril; de que "esta enfermedad no es de muerte", la seguridad de que nada de lo que lleve el sello de Dios va a desaparecer. Pero es deber de todos contribuir a reavivar la llama. Entretanto, oremos con el pueblo de Dios: "Señor de los ejércitos, mira desde el cielo, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa" (sal 79); "restáuranos; que brille tu rostro y nos salve".

Que la Señora de todas las Naciones sea nuestra abogada."