20 mayo 2008

Carta

Con las debidas licencias, os adjunto la carta que el Hermano R.A., LC ha enviado recientemente. Res ipsa loquitur:

Acabo de terminar de escribir una carta con la que voy a dar un paso decisivo en mi vida. He escrito a mi superior la carta en la que le pido recibir la ordenación sacerdotal.

Ciertamente llevo ya muchos años preparándome para este momento. Pero la costumbre en la Iglesia es que, durante el año anterior a la ordenación, el superior de un candidato al sacerdocio le comunique su aceptación y que, en ese momento, el candidato redacte una breve carta manuscrita. En ella debe pedir libre y espontáneamente la admisión a las sagradas órdenes y manifestar la intención de dedicarse de por vida a su misión de sacerdote. Esta es la carta que acabo de escribir.

Es una carta muy sencilla, de una página, sin retórica ni frases ampulosas, pero que compromete toda una vida. Imposible imaginar a qué rincones del mundo me llevará esta carta. Menos aún la gente con la que me llevará a tratar o las aventuras y retos, los sufrimientos y alegrías, las sorpresas y las fatigas que me deparará. Por eso es una carta que no se puede escribir con indiferencia. La he escrito con gran alegría y confianza, pero también con cierta expectación. ¿Qué será de mí en los próximos años?

Creo que por eso he sentido la necesidad de haceros llegar este mensaje al mayor número posible de todos vosotros a quienes he conocido. A quienes he conocido mucho y a quienes menos. A los que he seguido tratando con más frecuencia, y a los que no he visto o he visto muy poco en estos años que he pasado en diversos países del mundo. A los que sois creyentes, a los que no tanto y a los que no lo sois. A todos.

Imposible explicar en unas pocas líneas lo que es para mí ser sacerdote. Pero una cosa es cierta: el sacerdote pertenece a Dios y a los demás. Ya no se pertenece a sí mismo. Ha renunciado a una familia propia y a unos planes personales para dedicarse sólo a Dios y a los demás. No es que no tenga familia. Ésta es su familia: Dios y los demás. Creo que también por eso siento la necesidad de mandaros este mensaje. Porque, más allá de las distancias y más allá de los años, como “casi-sacerdote” creo que algo especial me ata a la gente con la que me he cruzado.

Si eres una persona de fe, te pido una oración por mí. Para que Dios me ayude a ser un santo y auténtico sacerdote. Si eres una persona de poca fe, te pido dos oraciones. Si no eres creyente alégrate por mí, y yo me encargo de la oración. ¡Pero alégrate!

Entre este momento y la ordenación me gustaría poder escribiros en alguna otra ocasión, para ver si consigo explicar por qué me hago sacerdote, qué he hecho estos años de preparación, qué significa ser sacerdote en el mundo de hoy. A ver si lo consigo.

De momento os mando un fuerte abrazo y la información sobre la ordenación.

Rezo por vosotros,

R.A.U.

Ordenación sacerdotal:

Sábado 20 de diciembre de 2008, Basílica de San Pablo extramuros, Roma, Italia. Nos ordenará el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado emérito de la Santa Sede.

Antes seré ordenado diácono el domingo 29 de junio de 2008, también en Roma, en la capilla del Centro de Estudios Superiores de los Legionarios de Cristo, por Mons. Mieczyslaw Mokrzycki, antiguo secretario personal de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

19 mayo 2008

Im-pres-cin-di-ble

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Una vez más, Juaristi. Copio su artículo en el Abc de ayer, por si lo quitan:


María

BUENO, es posible que María San Gil no sea más que una chica de provincias viviendo en un cuadro de Ramón de Zubiaurre o de algún otro costumbrista menor, y que no sirva para la Gran Política de diseño. Es posible que no sepa explicarse como una catedrática y que se haga un lío o que la líen con borradores inconclusos y contradictorios. Es posible, en fin, que tenga que irse a casa antes de que los ancianos padres de los militantes centristas del PP vasco empiecen a preguntarse por qué no firma ponencias que ellos firmarían brincando como cabras jubilosas (los ancianos padres de los militantes centristas del PP vasco me parecen criaturas más improbables todavía que los propios militantes centristas del PP vasco, pero admito la hipótesis e incluso cachalote como animal de compañía). Es posible que María San Gil se haya quedado obsoleta ante esta nueva perspectiva esplendorosa que contempla el centrismo español. No hay más que ponerla junto a Soraya en el casting para comprobar que no da el tipo.
María, la pobre, no tiene siquiera la formación adecuada. En vez de licenciarse en Sciences Po, Derecho o Comunicación, se dedicó a perder el tiempo con estudios bíblicos. Y, mira tú, ni se casó por lo civil, habráse visto estrecha. Derechona pura, sin discusión. Con semejante historial, no deberías dedicarte a la cosa pública ni aunque te maten al jefe mientras tomáis el aperitivo. Corres el riesgo de que te calen cuando llegues a comisario europeo, como a Rocco Butiglione, y entonces les sacarán los colores a los honrados centristas de tu partido, que no se merecen tanta humillación por tu culpa. María, que no te enteras. Que no estás al día, María. Que el PP ha cambiado, que ya es el centro moderno que todos esperábamos que alguna vez se decidiese a encarnar. O sea, que los socialistas tiemblan de miedo ante la estrella ascendente de Rajoy, y ahora nos vienes con tiquismiquis.
Después de todo, ¿qué ha hecho María San Gil por la patria, por el bienestar y el progreso? Recoger un partido en bancarrota y llevarlo a la ruina. Cierto: es una mujer de principios, pero qué tendrán que ver los principios con la Gran Política, digo yo. Los principios, a María San Gil, le han valido insultos callejeros cotidianos, conatos de linchamiento en mercados y universidades, unos cuantos galones de lágrimas en funerales de compañeros y hasta una displasia. Vaya éxito. E insiste: nada de acercarse a los nacionalistas, porque se radicalizan más. Claro, querida, pero las verdades de Perogrullo, o les sacas provecho, como Pachi López, o sólo te producen melancolía. Última teórica que te doy gratis. En un país afligido por el terrorismo nacionalista, ganan los nacionalistas que se pretenden moderados, porque los aterrados les votan. Les ceden el poder, con la esperanza -vana, es cierto- de aplacar a los asesinos.
Antaño, el PNV explotaba esta fórmula en régimen de monopolio. La genialidad de Pachi López ha consistido en usurpársela, dando a Ibarreche toda la cuerda que necesitaba para ahorcarse, presentándose ante la galería como el auténtico nacionalismo moderado y negociando con ETA por encima del gobierno vasco. Así que, mientras tú te desgañitabas invocando la nación española, los socialistas arrasaban en las elecciones de marzo, frente a un tripartito radicalizado y a un PP principista. ¿Quieres saber en qué consiste hoy el nacionalismo moderado? En esas mociones éticas de Mondragón y Hernani que tú y los tuyos os negáis a secundar por repugnancia moral. No te hagas ilusiones. El terrorismo se ha cargado la nación española en el País Vasco y, si me apuras, en media España. Toda una ganga de primavera para quien no tenga tus escrúpulos.
Dicho esto, añado, por si no se nota con suficiente claridad, que ese desastre llamado María San Gil es el único atisbo de esperanza que consigo divisar en el radiante abismo que se abre bajo nuestros pies. O sea, que, como en el barco zozobrante de Péguy, tres hurras por el grumete amotinado.

JON JUARISTI

15 mayo 2008

Despropósitos en La manía

Por todos, éste (p. 208):

"Cuando alguien escribe una frase como esa [se refiere a "Todos podemos ser perseguidos"], sin haber padecido aquella persecución él ni ninguno de sus parientes, se diría que lo único que busca es ser condecorado. En cierto modo recordaba esa declaración a la de esos varones bienintencionados que en su afán de colaboración en la justísima lucha por la despenalización de algunas leyes como la del aborto, sostienen una pancarta frente al consabido ministerio: "Yo también he abortado".

Salvo que haya una ironía que se me escapa (lo dudo), no puedo entender qué condicionantes vitales pueden provocar que alguien tan, tan etc. como A.T. pueda decir esto. Ciertamente es un error pensar que los artistas son o deben ser referentes morales, y por ello resultan especialmente enervantes el caso que se hace a los titiriteros del régimen, o la atención que se presta al último actor que ha decidido hacerse budista.

Sin embargo, con el caso de Trapiello la cuestión es distinta, porque no tiene ningún interés en adoctrinar a nadie ni en ponerse como ejemplo. Y además, especialmente, porque en sus diarios nos abre de par en para las puertas de su vida y de su intimidad, y no tenía por qué hacerlo. Y se da la circunstancia de que en alguien que quiere a su mujer y a sus hijos de esa manera, que disfruta de la amistad, que no se deja llevar por las modas ni el glamour de la izquierda, tan crítico con la subvención y el fatuo halago, y tan honesto a la hora de admirar el arte verdadero, sin engañifas ni tonterías; en alguien con esa admirable capacidad de contemplar la realidad, no se explican frases como ésta.

En lo que a mí respecta, ya digo, voy a seguir leyéndolo y proclamando mi deuda de gratitud con él. Además de por el deleite que proporciona, por una razón más honda: desde que leo sus diarios contemplo la realidad de otra manera y me deleito con escenas cotidianas en las que antes ni tan siquiera reparaba. Y si no me equivoco, sus páginas tampoco son ajenas a las últimas entradas que Arp nos está regalando, contándonos sus recientes aficiones por las flores, los árboles y los pájaros.

Por eso duelen especialmente estos ramalazos de sesentayochismo trasnochado, impropios de alguien en cuya vida hay tanto sentido y tanta coherencia. Puede que vengan de una mala experiencia o de un atavismo incomprensible; o que, definitivamente, su generación sea una generación perdida. Sólo queda pedir y confiar en que algún día se le caigan esas pocas escamas de los ojos que aún le quedan. Ojalá que constate pronto que la armonía de ese mundo que el ama y aprecia viene de Alguien que es todo amor, y que vea que cuando su padre era adorador nocturno o su madre sigue rezando todos los días, no es que fueran – ellos y sus ochenta generaciones anteriores–, unos pobres ignaros supersticiosos a los que compadecer, sino que tenían toda la razón. Que los confusos y equivocados, los que merecen compasión, son precisamente aquellos urbanitas que los desprecian y que se creen, ilusos, que son dueños de su vida, que el hombre es la medida de todas las cosas o, peor, que ellos mismos se bastan para solucionar los problemas del mundo.

Justísima lucha, ¡tócate los c.!.

11 mayo 2008

Más sobre La manía

Estoy terminando La manía. Tiempo habrá para una entrada más detallada al respecto. Baste ahora decir que me está gustando menos que La cosa en sí. Tiene partes magistrales, pero los leitmotiven de ese año son más tediosos, las pendencias ocupan demasiado, y cuenta con un par de despropósitos importantes. Sin embargo, A.T. sigue siendo, de largo, el mejor narrador de nuestros días, y en varias ocasiones pone el nudo en la garganta. Es capaz de sacar lirismo de la escena más cotidiana. Por ejemplo, este homenaje a la asistenta de su casa:

Le dije a A., nuestra vieja asistenta, que despertara a G. Oí que abría la puerta de su habitación y le decía con una ternura indescriptible, casi secreta, sin atreverse a sacarle de los sueños:

–G., ya ha pasado las cabras, las borriquiyas y todo.

Se veía que era una frase, la misma, con la que la despertaban a ella en su pueblo de Córdoba para significar que el sol ya estaba muy alto y que nadie decente podía estar todavía en la cama. Una frase que sin duda la habrá regalado a sus propios hijos, una frase en la que se oyen las cabras, las borriquillas y las primeras moscas del caluroso día. Sirvió de niña a los señores, en la casa que ellos tenían junto a la mina de su propiedad. Dos o tres años después, siendo una muchacha, se la trajeron con ellos a servir a Madrid. Y ha estado en la familia, al principio unas veces con unos, luego con otros, otras con unos y con otros, ya como asistenta, cincuenta años. M. dice siempre: no puedes figurarte lo guapa que era. Y claro que puede uno imaginárselo: por cómo ha despertado hoy a G.

30 abril 2008

Aviso: libro polémico

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Queridos amigos,

Os envío este correo a un grupo seleccionado de amigos a los que considero cercanos personalmente y relevantes prescriptores en eso que llamamos “el mundo católico”. Me permito enviároslo para haceros llegar algunas reflexiones sobre la publicación de “Por qué el Estado sí es el problema”.

Todos conocéis la línea de nuestra editorial. Aún así, creemos que este libro no será bien entendido por parte de nuestros habituales lectores. En él Thomas Woods defiende que la postura propia de un catolicismo ortodoxo y tradicional es afirmar sin reservas el principio de subsidiariedad también en lo económico. Defiende que el Estado moderno es un tremendo aparato que necesariamente, por naturaleza, tiene una tendencia expansiva y totalitaria, que se manifiesta de un modo singular a través de lo económico (en definitiva, lo que recauda es lo que define su tamaño y su poder). De este modo, una economía intervenida es más ineficiente, más injusta y más gravosa para todos, y conlleva además una intromisión que siempre tiene consecuencias en lo moral y en lo cultural, pues la redistribución que hace el Estado nunca está exenta de unos criterios sobre cómo debe ser la sociedad. En definitiva, los criterios de la mentalidad dominante, que anualmente reinventa la sociedad y el tipo de relaciones entre las personas y las familias gracias a los recursos que previamente les ha arrebatado.

La cuestión es que el libro defiende estas tesis, y manifiesta que muchos documentos de la Doctrina Social de Iglesia han formulado juicios erróneos sobre el funcionamiento de la economía. La tesis es que lo auténticamente tradicional en la Iglesia fue la postura de la Escuela de Salamanca, que supuso además la formulación de la economía como ciencia. Para Woods, algunas de las posturas defendidas en ambientes católicos durante el siglo XX no fueron sino la consecuencia de la infiltración en la Iglesia de ideas modernas, historicismo alemán y socialismo, definitivamente abandonadas y corregidas en la Centesimus Annus.

Tanto desde nuestra labor en Ciudadela como en la Fundación Burke, es un tema al que cada día damos más importancia, hasta el punto que no es posible plantear una regeneración de lo social sin cuestionar al tiempo el tamaño de Estado. Como comprenderéis, el hecho de que el libro entre en abierta discusión con algunos documentos de la Iglesia provocará heridas y suspicacias.

Woods no es un autor dudoso. Antes bien, es representante de un catolicismo muy en boga en Estados Unidos, profundamente tradicional en todos los órdenes, (su siguiente libro es una defensa de la misa tradicional y ha sido un crítico constante y público respecto a los obispos americanos que se resistieron o criticaron el Motu Propio). Desde este catolicismo, presente en varios de los nuevos y pujantes colleges católicos, se está defendiendo este planteamiento, reivindicativo, en definitiva, de la libertad económica como requisito necesario para que el Estado se mantenga en su ámbito propio, lo político, y no intente “experimentar” redefiniendo lo social. (Lo que, curiosamente, siempre hace en el mismo sentido, haciendo avanzar agenda progresista, fuertemente laicista y antirreligiosa).

Por otro lado, el libro incluye un prólogo muy ilustrativo del Profesor Juan Velarde.

Sabemos que el libro y la editorial serán criticados. Creemos que el riesgo merece la pena, pues es un debate que hay que poner encima de la mesa. Los católicos también tenemos que reconsiderar lo que significa la aceptación acrítica de la socialdemocracia. Creo que libros rigurosos como este nos ayudan a comprender mejor lo económico y su relación con lo social.

Perdonad la extensión, pero creía importante introduciros en el debate para que este cuente con la mejores “cabezas católicas”, y no lo dejemos a los tópicos pretendidamente piadosos ni a la crítica fácil que nos tachará de “disidentes liberales”.

http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276234581

Un fuerte abrazo

Antonio Arcones

29 abril 2008

Un inédito de Fernando Anaya

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Canción del soldado

Estos dos puntos de sangre sobre la piel marcan el signo de mi suerte.

Desde su cobijo invisible, un aguijón de cabeza triangular se incrustaba fatalmente sobre mi muslo de conquistador.

Hasta entonces, tras el reflejo de esta armadura que aún porto, la tropa había avanzado unida, rompiendo un océano de tentáculos vegetales, muy cerca del rústico venablo que nos lanzaba el nativo.

Algo de profecía guarda el desfallecer en el ecuador del extravío para quien su vida fue un continuo tránsito.

Destilé la grandeza de un imperio con el sudor de mi barbilla. Guardé a los míos del signo grave del rayo y fui voz en la tempestad entonando la oración del pan compartido.

Y ahora, bajo el paladar de este clima inverosímil, me derrumbo en la certeza de haber sido un rodamiento nada más, la prolongación de una derrota que no alcanzó meta alguna.

Sobre mi pierna, dos pupilas de ultratumba me indican el camino del desfiladero.

En el desvarío de la fiebre mortal, creo ver a mi madre, de joven, limpiándome la mordedura.

Un repique de cacatúas celebra mi agonía, este miserere tropical es lo último que escucho.

De rodillas, con el peso de toda la selva sobre mi espalda, tengo la sensación de morir como siempre he vivido: huésped de ninguna parte.

28 abril 2008

42424

Es el número de palíndromos en español que ha recopilado Víctor Carbajo, a quien he conocido a través de Microsiervos. Por supuesto, este número es también un palíndromo. Si os cansáis, siempre está su propia selección personal, con algunos magistrales que eclipsan al celebérrimo "dábale arroz a la zorra el abad".

Yo creía que el español era el rey en estas naderías, y que en francés sólo existía el célebre "L’âme des uns jamais n’use de mal", pero un lector me aguó la fiesta al mostrarme el gran palíndromo de Georges Perec.

24 abril 2008

Caracas

He regresado triste y sin ganas de escribir sobre Caracas, pero los amigos son los amigos.

Está ubicada en un lugar paradisíaco. A pocos kilómetros del mar Caribe pero a mil metros de altitud, en un valle rodeado de montañas de hasta tres mil metros. El marco es precioso y la temperatura es siempre suave y constante. Por la noche refresca. El país es bellísimo y sus mujeres también (no todas están recauchutadas). Es El Dorado: grandes yacimientos de de oro y de diamantes, y sobreabundancia de petróleo, ese oro negro, con el barril por encima de los 100 dólares. Llenar el depósito de gasolina vale ¡un euro! Sin embargo no hay leche en las tiendas, y la inmensa mayoría de la población vive en situación de extrema pobreza. Es además una de las capitales más inseguras de Iberoamérica, con secuestros y asesinatos en el orden del día.

Y para colmo de males, tienen a Chavez. No es posible describir la situación de opresión a que está sometiendo el país. Es marxismo puro cuya mecha ha prendido, como siempre, por las tremendas injusticias existentes. Y también como siempre, el remedio está siendo mucho peor que la enfermedad: más inseguridad, más pobreza, más opresión, hospedando y financiando a las FARC, apoyando el infierno cubano y sometiendo a los venezolanos a un régimen de dictadura intolerable, para exaltación y lucro del dictador. En la televisión, campañas permanentes de agit-prop: locutores encorbatados en el telediario diciendo que Uribe es un corrupto financiado por el narcotráfico y que Bush es un borracho y un asesino peor que Hitler (palabras literales). Chabacano, hortera, cutre, demagógico y tremendamente nocivo.

Como no he estudiado el tema, no encuentro razones convincentes que expliquen el porqué de tanta pobreza de unos muchos y tanta riqueza de otros pocos (uno de mis colegas venezolanos acababa de vender una finca de 70.000 hectáreas). Me parece que la única explicación plausible es la estrictamente antropológica: nuestra condición de pecadores y la prevalencia de la avaricia sobre la justicia.

Con lo que, extrapolando, llegamos a lo de siempre: no sólo de pan vive el hombre... y hacen mal el PP y los tecnócratas creyendo que elevando la riqueza desaparecen los problemas. No. Los problemas estarán ahí hasta el final de los tiempos, porque yo, pese a tener lo mío, codiciaré lo tuyo. La solución, en última instancia, pasa por el amor al prójimo. En fin, un lío.

23 abril 2008

22 abril 2008

La Ginzburg

Decididamente, no soy grafómano. He vuelto de Caracas con cosas que contar, y la verdad es que no me apetece escribirlas. ¿Que por qué entonces este blog? Quizás por un difuso e inaprensible sentido del deber, y desde luego porque estar en la blogosfera, aunque sea con un blog-guadiana como éste, me ha proporcionado varias amistades estupendas y me ha descubierto lecturas imprescindibles. Sin ir más lejos, gracias a E. G-M. descubrí a Trapiello, y gracias a Arp (y al propio A.T., ese otro amigo que la literatura me ha dado), acabo de entrar en el universo Ginzburg.

En el avión de vuelta de Caracas he leído con verdadero placer Las pequeñas virtudes. Es una delicia, literatura de la buena. Ahí van mis impresiones. En primer lugar, es una literatura esencialmente femenina, como lo es la de la propia Flannery O'Connor. Para que luego digan las memeces esas de que el género es una opción. Sólo una mujer percibe la realidad como Ginzburg la percibe y puede escribir como ella escribe, con esa delicadeza, esa intimidad y esa especialísima sensibilidad. No digo que los hombres seamos romos, rudos o torpes, sólo que nuestra aproximación a las cosas es diferente, o al menos a mí me lo parece. En segundo lugar, esta mujer tiene el don de la emoción, y hasta su tristeza es dulce. El relato Invierno en los Abruzos es sencillamente sublime: no se pueden narrar mejor las pequeñas cosas y el amor por la vida cotidiana. Es un Vermeer en texto. Por otra parte, Oficio es una bellísima reflexión sobre la grafomanía, que todos los que escriben deberían paladear. Y finalmente, se nota su ascendencia judía en su sufrimiento latente y en su cosmovisión amarga e inteligente. Aquí encuentro un contraste radical con el catolicismo de Flannery, que jamás habría escrito Silencio. Las dos sufrieron, pero qué diferencia en el modo de afrontar ese sufrimiento: en Flannery hay luz, esperanza y en última instancia sentido. No en vano conoce la redención y el precio que costó. En la Ginzburg hay, o al menos yo veo, un cierto pesimismo antropológico: la vida hay que soportarla de la mejor manera posible.

En todo caso, una lectura sublime. Y una deuda mayor de gratitud con la galaxia-blog.

18 abril 2008

El sentido busca al hombre

Es el sugestivo título de la página web del Instituto John Henry Newman de diálogo entre fe y razón de la Universidad Francisco de Vitoria. En ella se encuentra este magnífico artículo del P. Manuel Carreira SJ sobre la Resurrección.

Imprescindible.

15 abril 2008

PLAs, PLAs

Sigo vivo, aunque liadísimo. Me emociona ver que algunos seguís entrando, y lamento mi silencio. Mañana salgo para Caracas a conferenciar, de donde también espero volver vivo. Mientras tanto, aquí tenéis una entrevista con el genial Pla, a la que hace referencia Trapiello en uno de los últimos tomos de sus diarios (Siete Moderno, si no me equivoco).

Dios os guarde.

04 abril 2008

Siempre d'Ors

El otro día, curioseando por Hiperión, me encuentro con un ejemplar de Hacia otra luz más pura. Lo conocía por su recopilación en 2001, pero no como tal libro. Leyéndolo, descubro poemas que me habían pasado desapercibidos. Entre otros, esta maravilla, que me parece antecente claro del anhelado e inédito Belinha, que el propio d'Ors nos leyó en la UFV y cuya publicación no llega, ¡ay!

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

Esa vieja cordura los desprecia.
Tontos, enfermos, locos, raros, poquita cosa:
piezas inacabadas.
.......................PPero a Él le sirven todos,
piedras de su Edificio. Algunas veces
los usa como piedras angulares
–véase el Evangelio– y otras veces con ellos
le hace a la Historia vados, aceras, jardincitos,
poyetes en que toman el sol los jubilados.
Nada se desperdicia. Ninguno queda fuera.

Quién sabe si por ellos, solamente por ellos,
siguen Aldebarán y el Cisne y la Vía Láctea
girando en el silencio de las noches. Quién sabe
si a ésos que tienen pájaros
en la cabeza, a aquéllos que están como una cabra,
a los que oyen campanas y nunca saben dónde,
a los que les han dado calabazas…
Él no los ha elegido como sus proveedores
de materiales para hacer sus primaveras.

03 abril 2008

¡Quién pudiera!

El Tertio millennio seminar on the free society fue fundado en 1992, con el objeto de estudiar la doctrina social católica. Sus promotores son unos absolutos desconocidos: nada menos que Michael Nowak, Rocco Buttiglione, el P. Richard John Neuhaus y un tal George Weigel. También lo promueve el P. Maciej Zieba OP, a quien de verdad no conozco, pero que debe de ser otro crack.

Cada verano reúne a una docena de estudiantes norteamericanos y a una veintena de estudianes de la Europa del este y los pone a dialogar sobre la materia bajo los auspicios de estos titanes. El encuentro se ve enriquecido con visitas a Częstochowa, Auschwitz, y a la tierra de Santa Faustina Kowalska (divina misericordia).

Me temo que no cualifico ni por procedencia, ni por edad, ni por tiempo disponible, pero ¡quién pudiera!

02 abril 2008

Tres años


Hoy se cumplen tres años del tránsito de (San) Juan Pablo II. Esta foto, según me dijeron, apareció inesperadamente al revelar un peregrino un carrete de fotos tomadas al pontífice en una audiencia ordinaria. Se non è vera, è ben trovata. Un buen vídeo recordando su fallecimiento y sus funerales, lo tenéis en esta nueva página religiosa, que promete. El estado de su proceso de beatificación, cómo no, en Zenit.

¡Santo subito!

01 abril 2008

Religión en libertad

Es el título de la nueva web sobre religión que ha visto la luz hace poco. Se hospeda en el portal de Libertaddigital (sobre el que tengo ciertos reparos), pero tiene buena pinta. De momento cuenta con un blog de Monseñor Sebastián, que últimamente está que se sale, y escriben Messori y Weigel.

No son precisamente malas cartas de presentación.

30 marzo 2008

Bruckner, Blomstedt

Anoche, en Ibermúsica, Herbert Blomstedt y la Gustav Mahler Jugendorchester nos regalaron una estupendísima quinta de Bruckner.

Quizás porque la música es la más abstracta de las artes nos dice tanto, nos expresa lo inefable. Eso no sucede con el resto, que necesitan de algo concreto para “apoyarse”. La pintura descansa en el modelo, en los colores y en el lienzo –y cuando es abstracta la pifia, porque acaba desnaturalizándose–; la escultura necesita del material y de la forma; la arquitectura, etc. Incluso la literatura y su forma más alta, la poesía, están atadas a palabras y a conceptos. Cierto es que cuando es buena, toda obra de arte se transfigura y nos dice tanto: nos revela a nosotros mismos y pone de manifiesto nuestra naturaleza espiritual. Vamos, que nos recuerda que no somos lo mismo que la mosca del vinagre. Pero la música es la más privilegiada de las artes para estos menesteres y nos dice todo más directa e intensamente, porque no necesita de soporte. Por eso las páginas más bellas del católico Tolkien son las del Ainulindale, ese génesis musical.

Volviendo a lo de ayer, creo que a esa hora no habría nadie en el mundo más feliz que el octogenario Blomstedt, curtido en mil batallas, dirigiendo a esos casi ciento veinte brillantes jovenzuelos (no creo que ninguno superase la treintena) e interpretando juntos al grandísimo Anton. No había diferencias generacionales: todos eran uno. El final del cuarto movimiento fue intensísimo, Herbert flotaba, bailaba interpretando la partitura y la orquesta le respondía transida no como un conjunto de autómatas, sino como almas en perfecta sintonía con el maestro, sublimados por la potencia creativa y espiritual del genio de Amsfelden. Esa imbricación y esa entrega total al proyecto común de transmitir la belleza y la verdad de esa música tiene un nombre: comunión. Y su esencia no es ajena al concepto religioso de comunión de los santos. Todos estamos misteriosamente unidos en un todo superior que es más que la suma de las partes y que lejos de anular o cosificar a éstas, las hace más plenas.

Como veis, con Bruckner se me va la pinza. ¡Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios todopoderoso!

28 marzo 2008

Más Tristán

En la Metropolitan Ópera de Nueva York se está representando estos días otro Tristán e Isolda, bajo la dirección siempre sabia de James Levine. Inicialmente estaba previsto que Deborah Voigt y Ben Heppner interpretasen a los wagnerianos amantes en todas y cada una de las seis representaciones, pero la enfermedad de uno de ellos lo impidió. La primera vez que canten juntos (ever) será hoy a las 7 p.m. hora de Nueva York, 1 a.m. madrugada española. Se podrá escuchar en directo aquí.

¿Hay algo mejor que hacer una madrugada de viernes que dedicar cinco horitas a disfrutar de esta maravilla?

27 marzo 2008

Imitar a Momsen

Me dice el Dr. Dr. y futuro triDr. Antuñano (como el chiste useño del maitre del restaurante: "are you a real doctor, or just a PhD") que, ante la repetición y continuidad del infame, siente la tentación de imitar a Momsen. Y me adjunta este melancólico poema de Jiménez Lozano:

Sabía Teodoro Momsen dónde vivía Sócrates,
y por Atenas deambulaba cada día,
guiaba a Platón o daba las señas de los baños
a un esclavo que llevaba ungüentos
o una carta de amor, y lilas.
Al acabar la clase quedaba luego ciego
y tenía que ser a su casa conducido;
se perdía por las calles, avezado
a transitar por las de la vieja Atenas.
¿Cómo podría vivir teniendo por vecino
no a Platón o a Sócrates, sino a Guillermo, el Káiser?
Así que se hundió en los libros y no quiso
emerger a la vida, ni recobrar su memoria.

Como para pensárselo. Porque desde luego del Káiser a éste...