«La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en niño; se deja tocar y pide nuestro amor» (B XVI, Misa de Nochebuena 2009)
Lo ha hecho Alfonsito en la clase de trabajo manual, con la ayuda de su madre. Cuando les he preguntado por qué me han sacado sin sonrisa me dicen que la tenía pero que se cayó al barnizarlo.
En mi curioso ayer prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar. El planeta estaba poblado de espectros colectivos, Inglaterra, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. Casi nadie sabía la historia de estos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los vicepresidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género. Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades.
Ahora que Enrique todavía puede oír música, retomo este blog comatoso. No sabría decir cuál es mi libro favorito, ni la película que más me ha gustado. Pero en la música, mi mayor afición, sí que tengo una obra cumbre. Es el cuarteto para cuerda op. 132 de Beethoven.
Ahora resulta que está gratis en Spotify ¡y además por el Cuarteto de Tokio! Son cinco movimientos: uno, dos, tres, cuatro y cinco.
Conviene oírlo todo entero y sin prisas: es muy largo para ser un cuarteto. Los dos primeros movimientos están muy bien, pero sirven para llevarnos a la cumbre, el número tres, denominado por Ludwig van nada menos que Heiliger Dankgesang eines Genesenen an die Gottheit, in der lydischen Tonart, algo así como canción sacra de agradecimiento a la divinidad por parte de un convaleciente. Tras semejante maravilla, viene un movimiento cortito, como para devolvernos a la realidad. Parece un poco de violinista arrebatado amenizando una cena en un restaurante romántico pero, creedme, es necesario para salir del trance. Y el quinto es nuevamente excelso.
Insisto, no conviene empezar de golpe por el tercero, pero para impacientes aquí está parte de él en Youtube, en una versión histórica del de Budapest, buena pero peor que la del de Tokio.
Recuerdo que hace un par de años coincidieron en Madrid el de Tokio tocando esta pieza el mismo día que en el Real tocaban no recuerdo qué opera de postín. Tenía entradas para ambos espectáculos y no lo dudé un instante. Cuando lo recuerdo, me vuelvo a emocionar.
Blood money, qué mejor título para el drama del aborto, bajo el cual, además de Satanás (no me cabe duda), se esconden tantos intereses económicos. La peli se estrenará pronto. Pásalo.
Como experto en genealogía estoy sencillamente escandalizado mire usted lo que encuentro en el árbol genealógico de Jesús ____________________________________[el Cristo un rey de mirada impura con ímpetus criminales una hermosa que se baña con la ventana abierta en suma un adulterio a la luz del día impreso en sus pergaminos vaya usted a fiarse del pasado de las familias reales del pasado de Dios si me lo permite estúpido geneólogo tú de sangres no sabes nada tú crees que Dios gobierna la humana historia con el manual de buenas costumbres del Sr. Carreño arrodíllate pues delante del mal profundo del escándalo y la deshonra de tus árboles meteorológicos y qué si Dios quiere sacar de un mal un bien infinito y qué si Dios quiere ser descendiente de y tú sangre de Santa Betsabé perdona al necio de sangres ilustres.
___________José Miguel Ibáñez Langlois (Rey David)
Por mi parte he leído la encíclica, no sin esfuerzo, y tengo mixed feelings. Tiene momentos excelsos pero también fragmentos que me da la impresión que suscribirían con entusiasmo los del mandil y que, o mucho me equivoco, o a Chesterton no le habrían gustado nada. Parecen la antítesis del "dos acres de tierra y una vaca" y una invitación al mundialismo.
Por eso quiero seguir leyendo sobre ella, porque no termino de aclararme.
Grandes son Tus hazañas, Señor, fuerte Tu brazo: Tú salvaste a Tu pueblo de la lluvia de napalm de los tanques del Pacto de Varsovia, de Nixon, de Jomeini, de Fernández Ordóñez.
Señor, Tú nos libraste de los que nos traían la libertad en sus cañones, Tú has sacado a Tu pueblo intacto de las fauces de Kruschev, de la CIA, de Playboy, de Alí Agca.
Tu fuerza no la vencen los misiles ni L´Être et le Néant ni Gaddafi ni la Trilateral.
Tu amor no tiene fin, Señor: Tu pueblo, que atravesó el desierto y el Mar Rojo, también logró pasar –mayor prodigio– la segunda mitad del siglo XX.
La segunda mitad del siglo XX dio pasos de gigante.
Hubo no obstante algunos reaccionarios, gentes que se negaron a avanzar con su tiempo –una monja ruinosa en Calcuta, unos papas, Escrivá, Solzhenitsyn, Lech Walesa, Jerôme Lejeune y otros, sin olvidar los pérez con sus codos gastados en el amargo roce de los lunes y martes y unos pocos millares de silencios postrados bajo la lucecita latiente del Sagrario–, gentes insolidarias, no cabe duda, _____________________gentes reacias a vivir a cuatro patas a dar aquellos pasos de gigante camino de la nada.
Nadie lo supo, y ellos sostenían la máquina del mundo. Luminosos rebeldes, ellos fueron el rumbo de la Historia durante la segunda mitad del siglo XX
La segunda mitad del siglo XX fue mediocre también en la herejía.
Pensemos en los grandes clásicos del error, profesionales como Pelagio, Arrio, Lutero, Hus, Calvino: arduos en trato con la Biblia y los Padres de la Iglesia, orando en penumbras temblorosas, pasando doctorados, sínodos, conclusiones… De repente una idea infernal: el filioque, la sustancia, distingo, de humanitate Christi… Advertencia, Tractatus, advertencia, concilio, más advertencia, insumisión, condena y el final conocido: pregonero, tambores, las calles agolpadas y una fogata multitudinaria cuyos fulgores crepitaban años y años en las memorias campesinas y se perpetuaban en trovos y consejas.
Durante la segunda mitad del siglo XX todo fue más chapuza: el padre Van der Buden a base de ir en cueros entre los tulipanes dijo no sé qué cosa (ni él tampoco debió saberlo mucho). A Don Hans Kraus le bastó con algunas mugres tercermundistas de Der Spiegel. A Paqui Rodríguez, peluquera de Mula (Murcia, España), se le ocurrió su cisma bajándose el tirante del bikini al borde de un cubata perezoso.
También incompetentes para el mal. Ni siquiera merecían el honor de una hoguera.
La segunda mitad del siglo XX funcionó por razones que la Raison jamás conocerá.
Pero yo sí conozco algunos casos, frères humains qui après nous vivez: Andrés se hizo fascista por profundos motivos de peinado, Yvonne marxista porque las milongas de los Quilapayún, Pedro bakunininsta por Margarita, Plácido católico por afición al órgano (en el mejor sentido), Giambattista se hizo socialista dicen que por la rima, Doña Pura testigo de Jehová por una minipimer, Juan y Pedro mormones por razones de estricta sastrería.
Insondables abismos del organismo humano: durante la segunda mitad del siglo XX nadie fue calvinista por Calvino, ni sartriano por Sartre, ni budista por Buda, sino que por, o sea, que sentían un no sé qué, que quedan balbuciendo aquellos antropoides.
La segunda mitad del siglo XX atinó con la Llave de la Sabiduría: un hombre, un voto.
El manejo es sencillo: un drogadicto, un voto; un premio Nobel, un voto; dos maricas, dos votos; un apóstol, un voto; un loco, un voto; un cuerdo un voto; William Shakespeare, un voto; Pedro Pérez, un voto; Santa Teresa, un voto; Charles Manson,un voto; Platón, un voto; Claudia Cardinale, un voto; usted, un voto. ___________________Acto seguido una rápida suma, y miren qué sencillo fue para la segunda mitad del siglo XX el Wahrheitserkenntnisweg*.
________________________5-X-81
(*) Palabro alemán que, salvo error mío, se traduciría como el 'camino-para-conocer-la-verdad'.
La segunda mitad del siglo XX dijo que la Verdad no era verdad que cada cual con su opinión, y todos a ser homini lupus en paz y compañía.
No es verdad que hoy es martes, no es verdad esta lluvia, no es verdad Paraguay ni mi bigote ni sus estornudos ni dos y dos son cuatro: todo son opiniones. Usted hoy se ha comido un plato de opiniones –perdón, una opinión de opiniones (tampoco voy a imponerle el plato)–; a usted, cuando se sienta, le pica esa opinión que le ha salido en toda la opinión. ______________Pero ¿qué digo usted! Usted es solamente una opinión. Yo soy una opinión. Esto es sencillamente una conversación entre opiniones.
La segunda mitad del siglo XX fue amiga de los ríos y los quebrantahuesos, de la ballena azul y los otoños, de la genciana Clusii y el Yosemite Valley.
Muy bien. Me apunto a todos esos bosques, a las corrientes de aguas puras, al Aconcagua, a las aves ligeras; me apunto a todo locus más o menos amoenus; al lupus homini homo, si esto le hace feliz.
A lo que no me apunto es a después de tanta historia con Mamá Natura asesinar 1.000 niños ustedes ya me entienden.
A lo que no me apunto es a morir, igual que Jimmy Hendrix, con catorce pinchazos diz que de paraíso debajo de la lengua. A lo que no me apunto ni borracho es a clamar por la Naturaleza con un dispositivo en la vagina, una funda de plástico ya saben, un kilo de pastillas en el alma y millones de hermanos que no llegan a especie protegida.
La segunda mitad del siglo XX se propuso llegar al Paraíso ahorrándose el viaje.
San Agustín sin recorrer de bruces todo el dolor que media entre el robo de peras y la visión beatífica; san Francisco de Asís sin merecerlo por el hambre y no por el parecido con los lirios del campo; ser –ay– San Juan de la Cruz sin noche oscura no cadenas voraces ni dolencia de amor; ser María Goretti, pero llegando a un trato. Ver a Dios sin limpiarse el corazón.
Para volar tan alto, tan alto, les vendieron jeringuillas, perfectos sucedáneos –pensaban– de la ascética. Ascética sintética.
Una fumata, tío y el éxtasis. Un sorbo de este rollo y las ínsulas extrañas. Un pinchacillo aquí y escuchas en diez pistas el hosanna de oro de los coros angélicos.
Lo malo es que el atajo era mentira, Lo malo es que aquel cielo era mentira. Lo malo es que la puerta que Ferlinghetti & Dylan, Limited (very limited) candaban los condujo –mentira, ‘Lasciate ogni speranza’– al Horror infinito.
La segunda mitad del siglo XX fue una escena de cama de dimensiones cósmicas.
El Arte fue la cópula, la Cultura la cópula, la Diversión la cópula y la Revolución también la cópula.
Allí todo fue cópula-copulae… Todo menos la cópula, que fue durante la segunda mitad del siglo XX sodomita, enfundada, interrupta, egocéntrica, auricular, estéril, solitaria informática, teledirigida, only for women, multitudinaria, etcétera, etcétera, etcétera… De todas las maneras inferior a los perros
La segunda mitad del siglo XX proclamó la bandera de la paz y la vida: la vida de Mick Jagger, la vida de Alí Agca, la de Charles, Manson, la de Bokassa, la de José Rodríguez, son sagradas; la vida de las focas y de las sequoias y hasta la vida de los vietnamitas son sagradas, etcétera… ___________Muy bien, señores, pero mientras el Universo se llenaba de palomitas rosas mientras todos ustedes hacían el amor y no la guerra, en cada útero un Auschwitz, un Dachau, un Stalin, un Führer, un Vietnam, un Paracuellos, un negro y fiero y ciego bombardeo. Todo legal, no sufra, todo a cargo de la Seguridad Social, naturalmente.
Cinco, veinte, sesenta millones, ochocientos millones de personas –Dios lleva la cuenta exacta– asfixiadas, quemadas, trituradas (con absoluta higiene y música ambiental para que nadie diga). Yo he escuchado sus llantos diminutos, he visto sus milímetros de espanto, sus deditos de leche desvalida moviéndose en el cubo funerario.
Yo levanto estos versos como un volcán de rabia y grito a las estrellas que el mayor genocidio de este planeta fue la segunda mitad del siglo XX.