20 octubre 2006

Now is the winter of our discontent


Por una serie de circunstancias, ayer tuve que leer en alto el monólogo de Gloucester en Ricardo III (está aquí o aquí), y claramente se impuso sobre mi pésima pronunciación. Es música. Me acordé inmediatamente del poema de Ibáñez Langlois que nos regaló Enrique.

Verdaderamente, "el inglés no es el código del dólar y el turismo / es la lengua inmortal de la poesía".

[Aquí una estupenda página con todos los monólogos de Shakespeare].

18 octubre 2006

The chattering classes

Cae en mis manos el libro de Peter J. Kreeft (católico, profesor de filosofía en el Boston College) The Philosophy of Tolkien: the Worldview behind the Lord of the Rings. Tiene un pintón.
Estructurado en once capítulos (correspondientes a las principales áreas de la filosofía), comprende 50 de las grandes cuestiones que el hombre se ha planteado a lo largo de la Historia. Y respecto de cada una de ellas, Kreeft expone (i) su significado y su importancia; (ii) una cita de El Señor de los Anillos denotativa de cómo Tolkien responde a esa cuestión; (iii) otra cita al respecto de otra obra de Tolkien; y como guinda (iv) una cita de C.S. Lewis al respecto. El libro tiene un apéndice con concordancias de tales cuestiones con otros muchos pasajes de El Señor de los Anillos.

Cada vez que se hace una encuesta sobre la obra maestra de la literatura del siglo XX, Frodo y compañía ganan por goleada, lo que exaspera a los críticos. Y aquí viene el motivo de la entrada de hoy (del libro contaré cuando lo termine): la nada sutil puya que Kreeft les dedica, a ellos y demás "intelectuales orgánicos", en su prólogo:

Every human soul craves "the good, the true, and the beautiful" absolutely and without limit. And it is precisely about these three most fundamental values that the gap is the widest. Ordinary people still believe in a real morality, a real difference between good and evil; and in objective truth and the possibility of knowing it; and in the superiority of beauty over ugliness. But our educators, or "experts" (Fr. Richard Neuhaus calls them "the chattering classes" [magistral]), feel toward this traditional values the way people think medieval inquisitors felt toward witches. Our artists deliberatelty prefer ugliness to beauty, our moralists fear goodness more than evil, and our philsophers embrace various forms of post-modernism that reduce truth to ideology of power. ...
So, what should do about it? Just ignore them. That will do more to save civilization than anything else you can possibly do (except becoming a saint). It will also make them very angry, for, like teenagers, the critics' greatest joy is to be shocking, and their great fear is to be ignored".

O sea, que presumo que Kreeft no sería precisamente un fan de "Manual de infractores".

12 octubre 2006

Madre de la Hispanidad


Oración de (San) Juan Pablo II Magno:

"Doy fervientes gracias a Dios por la presencia singular de María en esta tierra española donde tantos frutos ha producido. Y quiero encomendarte, Virgen santísima del Pilar, España entera, todos y cada uno de sus hijos y pueblos, la Iglesia en España, así como también los hijos de todas las naciones hispánicas. ¡Dios te salve, María, Madre de Cristo y de la Iglesia! ¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra! A tus cuidados confío esta tarde las necesidades de todas las familias de España, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos. Te encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y el empeño de cuantos trabajan por el reino de Cristo en estas tierras. En tus manos pongo la fatiga y él sudor de quienes trabajan con las suyas; la noble dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad. En tu corazón dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres económicos procuran honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al servicio de la verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de cuantos, en la política, en la milicia, en las labores sindicales o en el servicio del orden ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una justa, pacífica y segura convivencia. Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Así sea".

Santa María del Pilar, confunde a nuestros enemigos y ruega por nosotros.

11 octubre 2006

Agit-prop

La vieja praxis marxista de agit-prop, en su desprecio por la verdad, no se limita a postular el empleo sistemático de cualquier mentira, sino precisamente de aquélla que es exactamente la contradictoria (hay varios tipos de oposición) con la verdadera realidad (perdón por el pleonasmo). Por eso los Estados comunistas se denominan democráticos (v.g. DDR), y también por eso los medios de comunicación oficiales, que propagan la mentira y el pensamiento único, se denominan bien Pravda (la verdad), bien el plural.

Un buen ejemplo es el tratamiento de la agresión ayer a Acebes en Cataluña. Por si lo borran -ahora que ha sido cesado un dirigente del PSC-, transcribo la noticia:

"Todo empezó, cuando un grupo de jóvenes se concentró a las puertas del Centro Cultural Martorell con las pancartas. Poco después, llegaron los militantes del PP que acudían al mitin, y al ver al grupo de personas concentradas que les insultaban, un militante intentó arrebatar una de esas pancartas a los jóvenes. Otro militante del PP le ayudó, pero ambos no lograron su objetivo y cayeron al suelo sin conseguir retirar ninguna pancarta a los manifestantes. A continuación, el grupo de jóvenes y otro de unos veinte militantes del PP se encararon y comenzaron a increparse y a intercambiar empujones, aunque la Guardia Civil logró separarlos. En ese momento apareció el coche en el que venían Acebes y Piqué, y la Guardia Civil se vio obligada a proteger a ambos políticos para que pudieran acceder al local, donde les esperaban unos doscientos militantes del PP catalán".

Estos del PP ya se sabe, tan violentos y provocadores como siempre, como cuando agredieron a Bono.

09 octubre 2006

Saca al ciudadano que llevas dentro

Es el título de la campaña publicitaria que está llevando a cabo el Ayuntamiento de Madrid, destinada a que los madrileños tiremos la basura a los contenedores, y no seamos unos sucios. Está presente en marquesinas de autobús, "chirimbolos" y otros adefesios de mobiliario urbano.

Aunque sea lunes, no creo que esta mañana me encuentre especialmente picajoso o irascible, pero lo cierto es que el cartelito me ha puesto de mal humor. No es por la mala fotografía, ni por el tipo de letra, ni por el marco en el que se encuadra -con una flecha que parece de mal aficionado al power point-, ni por la composición, ni por la cara de estulta felicidad, de buen vecino, y de satisfacción por el deber cumplido del tipo que sale. No. Aunque sea un anuncio casposo y cutre, no hubiera llamado mi atención ni provocado mi mosqueo.

Lo que me irrita sobremanera es el lema de marras, y todo lo que subyace bajo tan aparentemente inocua frasecita. Entre otras, por dos razones. La primera es el uso del término ciudadano como paradigma de la limpieza y, una vez más, como meta de de las aspiraciones personales, de la plenitud de derechos, del alcance de la verdadera libertad. Aunque se emplee cada vez más por los políticos (por todos), me parece que tiene un regusto revolucionario-jacobino trasnochado, y que se enmarca en la corriente de pensamiento pseudoilustrado y laicista que propugna que los derechos individuales comienzan con la funesta Revolución (no hay que cansarse de recomendar a Gaxotte).

Y la segunda razón va en la misma línea, pero con un sesgo más antropológico: un ciudadano dentro que haya que sacar (¿salir del armario?) lo llevará usted, señor publicitario, señor concejal o señor Gallardón, pero yo no. Yo dentro llevo mis miserias, y más dentro aún (intimior intimo meo) llevo a mi Creador, pero a un ciudadano ni pensarlo. Y si tiro la basura al cubo, no es ni por ustedes ni por la ética kantiana, sino en ejercicio de virtudes que están ahí mucho antes de que cuatro aristócratas decadentes invitaran a sus tertulias a Diderot, Voltaire y compañía.

- ¿Pero es que se cree usted que el que ha hecho la campaña estaba pensando en todo eso?

-No lo sé, puede que sea intencional o puede que sea una decantación inconsciente del pensamiento dominante, pero ya esta bien de tonterías.

Y con ésas, he entrado en la oficina.

03 octubre 2006

Premio nacional de poesía

¿Te sorprendes, querido Enrique, de que se lo den a Bonald y no a d'Ors? Ya sé que no. Ni el maestro tampoco, acuérdate de su poema:

DONDE EL POETA SE DESPIDE DEFINITIVAMENTE DEL COTARRO

Adiós, adiós revistas, premios, antologías,
fulgores de El País y el Segundo Canal,
adiós generación del 70, divino
tesoro, te he perdido para nunca jamás.


Para ser comunista me falta la langosta
(que no es poco faltar)
y, como don Antonio, tampoco soy un ave
de ésas (menudos pájaros) del nuevo gay trinar,
y no versificando ni a la izquierda
ni debajo de nadie, ustedes me dirán.


Adiós entonces, fama, adiós obras completas,
adiós escalinatas hacia Carlos Barral,
adiós muchachos, nunca compañeros
de mi vida (a Dios gracias –y gracias además
a los sabios consejos sobre las compañías
que me dio mi papá–).

Pero todos felices: la Poesía
y yo tendremos más intimidad,
y vosotros qué gozo: en la carpeta
de Félix Grande un poco menos de original
y un poco más de alfalfa en los amenos prados
del Parnaso local.


5-IX-82 [de Es cielo y es azul]

Anton Bruckner

Comienza la temporada en Ibermúsica, y nos estrenamos con la Bayerisches Staatorchester, dirigida por Kent Nagano. El programa, de lo más apetecible: el Idilio de Sigfrido de Wagner y la Cuarta Sinfonía (Romántica) de Bruckner, en su versión original. Todo correcto pero demasiado plano, sin emoción (pecado grave con un programa como éste). Además, la Cuarta, auténtica puerta de entrada al universo bruckneriano, es mejor oírla en la versión de Haas que en la original.

A pesar de los pesares, volver a encontrarse en vivo con Bruckner, ese "místico gótico extraviado por error en el siglo XIX" (como lo definió Fürtwangler), ese "católico medieval arrojado al turbulento mundo de Wagner" (Paul Henry Lang), es toda una experiencia. No se puede sacar más de una orquesta sinfónica y, al menos para mí, sólo Bach puede comparársele en trascendencia y misticismo.

Algunos extractos del iluminado texto de Arnoldo Liberman que ilustraba el programa (de donde también proceden las citas anteriores):

"Este trovador de Dios (como llamó Liszt a Bruckner) era a la vez un hombre rústico, ingenuo y torpón ... que saciaba largamente sus sentidos con el festín gastronómico de un plato de knodel, que su [rectius, cuya] cachaza era motivo de mofa en todo el conservatorio de Viena, que justificaba el nacimiento de su Novena Sinfonía (una de las más hermosas nacidas de su estro) porque un bocadillo de pan con queso lo había inspirado, que su humildad rayaba en lo insólito, que a veces caía en torpezas inexplicables, este personaje, digo, significaba no sólo el espíritu dionisíaco al servicio de la música, sino al servicio incondicional de la Creación [¿es Bruckner o Chesterton?].
...
[Bruckner] proclamaba que si el público quería oír la música del hombre escuchara a Brahms y que sólo si quería oír a Dios escuchara sus sinfonías. Porque Bruckner no es sólo la montaraz inocencia del estremecimiento, sino que se trata del estremecimiento de una epifanía. Bruckner no sugiere que podemos ver a Dios, sino que es posible oírlo y que para ello no debemos estar dispuestos sino expuestos".

A todo aquél que quiera iniciarse en este genio absoluto de la música le recomiendo que comience por esta Cuarta (en las versiones de Celibidache o de Böhm), o por la Séptima (Barenboim u otra vez Celibidache). Y que vaya poco a poco. No se arrepentirá.

02 octubre 2006

Ángeles custodios

Ángel del Señor, que eres mi custodio,
puesto que la Providencia soberana
me encomendó a ti,
ilumíname, guárdame, rígeme
y gobiérname en este día.
Amén.

Paracaidistas en Guecho


La noticia aparece en Minuto digital y en algunos otros medios. Con ocasión de unas maniobras del Ejército, miembros de la brigada paracadista aterrizaron en la playa de Guecho (Vizcaya). Aunque el Gobierno vasco se ha quejado, la inmensa mayoría de los que allí estaban prorrumpió en aplausos y vítores a España.

También estaban los valientes gudaris proetarras, se supone que para montar una "playa borroka". Sin embargo, como se ve en esta foto que me manda un amigo, no parece que se atrevieran ni a levantar la voz. Más bien, miraron para otro lado.

Tan valientes como siempre.

27 septiembre 2006

Flannery y d'Ors

Me encuentro con que sobre Revelation se ha escrito mucho, desde breves comentarios hasta sesudos artículos.

Ayer comentaba que me parecía ver una relación entre este estupendo relato de Flannery O'Connor y un poema de d'Ors ("Oración por nosotros, los de siempre", en Sol de noviembre). Pues bien, tal relación, que yo vanamente atribuía a mi sagacidad y a mi capacidad de interrelacionar, ha resultado ser una conexión clara, tal y como pone de manifiesto Arp en su comentario a mi entrada de ayer, y tal y como reconoce el propio d'Ors, según dice Enrique.

Pensaba resumir el relato, transcribir el poema y justificar mi hallazgo, pero es empresa harto ambiciosa para este modesto blog y para mi capacidad y disponibilidad. Prefiero limitarme a recomendar vivamente la lectura de ambos textos, que no tienen desperdicio.

Por mi parte, me limito a constatar la obviedad: la conexión no sólo es clara, sino también perfectamente explicable. No es que Miguel se haya inspirado en Flannery, ni que Calíope (o Érato o Talía, o la que fuese) sugiriese las mismas ideas en Milledgeville que en Granada. Es, lisa y llanamente, que una y otro son cristianos católicos (y no de esos que van por ahí mendigando opiniones). Es por tanto perfectamente explicable, si no fatal, que su creatividad literaria haya plasmado del modo en que cada uno sabe (ella con un relato, él con un poema) la constatación que todos realizamos cuando nos miramos en el espejo del examen de conciencia: ¡cuántas veces somos el hijo mayor de la parábola o el rico Epulón!.

Perdónanos, Señor.

26 septiembre 2006

Más sobre Flannery


He terminado los Spiritual writings de Flannery O'Connor. Como decía en una entrada anterior, se trata de una recopilación sus textos para una colección titulada Modern spiritual masters series. Está compuesta por fragmentos de muchas de sus cartas recogidas en The habit of being (principalmente las dirigidas a A.), y de sus dos novelas, Wise blood y The violent bear it away. La recopilación se lleva acertadamente a cabo por bloques temáticos (el realismo cristiano, la Iglesia, su vocación a la escritura como apostolado, y las razones de la alegría y del sufrimiento), y su lectura es fácil y amena. Puede ser un buen regalo para quien quiera dar a conocer, más allá de sus relatos, la faceta humana de esta escritora católica rayana, si no plenamente incursa, en la santidad.

Lo curioso es que, en medio de tales capítulos se inserta uno de los últimos relatos de Flannery, Revelation, en su integridad. Pertenece a la recopilación Everything that rises must converge (título tomado de Teilhard de Chardin, a quien Flannery admiraba), bajo la que se agruparon sus últimos cuentos, probablemente los mejores. Los autores justifican el excursus alegando que es el paradigma de la literatura y de la cosmovisión católica de Flannery. La elección me parece muy acertada, y la ubicación del relato me ha hecho prestarle más atención (y disfrutar más de él), que cuando lo leí en español, en la edición de sus Cuentos completos . Y, además, me ha evocado un memorable poema de Miguel d'Ors - aunque hablar de memorable poema en d'Ors es un pleonasmo-, al hermano mayor de la parábola del hijo pródigo y al rico Epulón.

A ver si mañana tengo más tiempo y cuento por qué.

24 septiembre 2006

Conrad

Tarde lluviosa en Madrid. Merodeo por la biblioteca (siempre pendiente de ser ordenada) y me encuentro con Conrad. Como a tantos otros, llegué a él a través de Borges, y lo leí con entusiasmo. Lord Jim, Juventud, De vuelta al mar (en una excelente traducción de un jovencísimo Javier Marías: el pluscuamperfecto inglés de Conrad me supera en no pocas ocasiones), Los duelistas, y El corazón de las tinieblas, me fascinaron. Pero, pasados los años, lo que más perdura en mí de él no es toda esa literatura, sino un "ensayo" sobre el arte camuflado de prólogo a una obra suya que considero menor.

La obra no es otra que El negro del narcissus, una novelita que narra la opresiva presencia de un enorme negro, antipático y enfermo, en una travesía de Bombay a Inglaterra, y su sofocante influjo sobre la tripulación y el viaje. Me gustaron más otras, pero tiene fragmentos que son Conrad en estado puro. Sin embargo, lo que se sale de lo normal es su prólogo, como digo, todo un ensayo acerca de la creación artística. Comienza nada menos que así:

"A work that aspires, however humbly, to the condition of art should carry its justification in every line. And art itself may be defined as a single-minded attempt to render the highest kind of justice to the visible universe, by bringing to light the truth, manifold and one, underlying its every aspect".

Y de ahí va in crescendo. ¿Por qué lo puso ahí? ¿era consciente de la profundidad de su pensamiento y de su capacidad especulativa, más allá de su creatividad literaria? Lo ignoro con perfección, pero os recomiendo que no os perdáis esta joya.

21 septiembre 2006

Diversity (II)

¡Qué maravilla tener lectores críticos! Tiene razón Enrique Baltanás: mi entrada de ayer está pésimamente argumentada.

La unanimidad será buena o mala según confluya en la verdad o en el error, esto es, según se adecue o no lo pensado con la realidad. La unanimidad acerca de los primeros principios o acerca de la existencia de un Dios omnipotente, bueno, encarnado y redentor sería maravillosa (y, según sabemos, llegará algún día), porque es verdad. No es deseable el disenso en esto. No creo que el disenso sea en sí mismo necesario, ni tan siquiera como método de conocimiento (dialéctica, falsación, duda metódica, etc.), aun admitiendo que hay que estar muy vigilante para no creerse en posesión de la verdad que además, según sabemos por el Oso Von Balthazar, es sinfónica y no "solista". Esto no me plantea especial problema. Además, yo no hablaba de unanimidad, sino de unidad.

La diversidad no es en absoluto condenable, en cuanto diversidad. Pocas cosas más genuinamente católicas que lo diverso (en el accidente) siempre que sea unitario (en la esencia). Que se lo pregunten a S. Pablo en su debate con los "unitarios" judaizantes, gracias al cual nosotros no somos creyentes "de segunda" (ni estamos circuncidados, un dolor menos). O que se lo pregunten a S. Francisco Javier, cuando le tenían que ayudar porque se le cansaban los brazos de tanto bautizar a "diversos" asiáticos.

El problema está cuando se fomenta la diversidad porque se sostiene que todo son opiniones (magistral poema de d'Ors al respecto) y que no hay un criterio sobre nada que pueda imponerse sobre otro (relativismo). Cuando se dice que Platón y Aristóteles no son más que "varones blancos muertos", cuyas opiniones son tan válidas o inválidas como las de cualquier gurú con taparrabos o cualquier psicosocioestructuroargentino (d'Ors again). Nuevamente ello parte de la base de que la realidad no existe o al menos no es cognoscible. El primer principio de no contradicción (una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo bajo el mismo aspecto), no admite diversidad (sé que tú no decías esto, Enrique).

Por otra parte, todos en cuanto personas somos únicos e irrepetibles (Dios sólo sabe contar hasta uno, Péguy dixit) , y tenemos los mismos derechos fundamentales. Sin embargo, creo que hoy se ven derechos por doquier, sin que verdaderamente sean tales. Pese a lo que digan los tribunales (incluido, ay, nuestro Tribunal Supremo), no hay un derecho a la indemización de los padres por wrongful birth (les indemnizan porque el hospital no les avisó a tiempo de la enfermedad del feto y no pudieron abortar); ni hay un derecho a que los padres sordos digan que su sordera no es un defecto, sino una alternativa, y exijan manipulación genética para tener hijos sordos; ni un derecho al "matrimonio" homosexual o a la adopción por homosexuales, que es uno de los paradigmas de la diversidad. Y, ¡qué pena!, yo no tengo derecho a escribir entradas tan buenas como las de Enrique Baltanás, ni a ser un poeta como García-Máiquez, ni a tener la capacidad de observación de Arp. Ya me gustaría.

El tema de la discriminación positiva me parece más serio que el de la diversidad, y anticipo que no lo he estudiado a fondo. Sin embargo, aun a riesgo de equivocarme, creo que no hay que sobreproteger a los arrinconados. En primer lugar, porque es muy difícil que haya igualdad en todo en dos candidatos para que sólo haya que elegir a uno porque esté perseguido o arrinconado, y se presta a injusticias. Y en segundo lugar, porque cuando se ha llevado a efecto, a la larga ha repercutido en falta de calidad o de excelencia. Recuerdo vagamente un artículo magnífico en Aceprensa sobre un colegio público en una zona difícil de Estados Unidos, que en los años 50 era puntero y que con la discriminación positiva se fue al garete. Creo que hay que ser meritocrático-caritativo, que no es lo mismo.

Y una nueva loa de la unidad y una crítica a la diversidad (dispersión) está en las palabras del Señor a Marta, cuando ésta le pide que reproche a María que no la ayude: frente a la inquietud y dispersión de Marta solo hay una cosa importante que es la que elige María, y no se la quitarán.

20 septiembre 2006

Diversity

La dichosa palabrita va de boca en boca. No hay conferencia de gestión de despachos donde no se repita hasta la saciedad. Para ser un gran bufete -se dice-, hay que fomentar y promover la diversidad. ¿Que qué es eso? Pues básicamente el rechazo a toda identidad fuerte, y la entrada de la discriminación positiva y del aquí todo vale. Para ejemplo, la página web de un despacho americano de postín, Cadwalader, donde se apuesta por la diversidad de género, de raza y cómo no, de identidad sexual:

"The Firm supports a variety of gender, racial, ethnic and sexual orientation diversity programs, organizations and associations (...) Cadwalader also provides philanthropic and pro bono support for the LGBT community. In addition to direct mailings by gay Cadwalader attorneys to students who are members of gay campus groups and sponsoring receptions for gay students at New York City law schools, the firm supports, and has been involved with, a number of lesbian, gay and bisexual organizations".

Desde luego, la conclusión inmediata es que se trata de una decantación del principio de corrección política y de una consecuencia del relativismo moral. Pero creo que admite también una lectura sobrenatural. Para mí es una manifestación más de dónde llega el hombre cuando prescinde de Dios(nosotros solos podemos): a la torre de Babel. Justo lo contrario de lo que sucede cuando Dios entra en nuestras vidas. Entonces la consecuencia es exactamente la contraria: la unidad, esa unidad (ut unum sint) que Cristo anhelaba para los suyos en la oración sacerdotal.

19 septiembre 2006

American Gothic

Espoleado por Arp y por Mora-Fandos, continúo contando "lo que veo" en Chicago, a pesar de mis limitaciones (no es falsa humildad, ya dijo Santa Teresa que la humildad es la verdad).

Otro de los cuadros memorables del Chicago Art Institute es éste que Grant Wood pintó en 1930, titulado American Gothic. Creo que el impacto que produjo cuando se exhibió por primera vez, fue considerable, y que de este título viene la denominación de determinado género como "gótico sureño", en el que algunos encuadran a la admirada Flannery O'Connor. El cuadro es magnífico. Por mi parte, y sin querer menospreciar a nadie, creo que por la dureza y severidad de los rostros y por la actitud hierática, esta pareja sólo puede ser protestante, y no católica. Me parecen la versión americana del matrimonio Arnolfini o de cuadros flamencos similares (obviamente de otra época pero con analogías que me parecen claras, Mora-Fandos, dime algo, please). Debe de ser durísimo no tener el consuelo del sacramento del perdón.

En cualquier caso, después de disfrutar contemplándolo, no pude dejar de acordarme de los relatos de Flannery. A la salida fui raudo a una librería y he comprado Wise blood; The violent bear it away y Everything that rises must converge, así como dos libros más que no conocía, Mystery and manners (una recopilación de textos suyos que incluye el prólogo al libro Memoir of Mary Ann al que tanto se refiere en sus cartas), y una selección de sus textos recopilada para una colección titulada Modern spiritual masters series, en la que también están sus admirados Simone Weil y Theilard de Chardin, Edith Stein, Santa Teresita, y otros (incluido, ay, el infausto Anthony de Mello). Esta recopilación de Flannery la hace un tal Robert Ellsberg, y tiene una estupenda introducción de otro tal Richard Giannone, que se convirtió al catolicismo gracias a Flannery. Me relamo de gusto con las nueve horitas netas de vuelta de avion que me esperan para hincarles el diente.

Chicago

Estos días estoy en Chicago, en un congreso de la International Bar Association. Antes he estado con bastante lío, y no he podido actualizar el blog. Es una pena, porque la cosa está que arde. Mis disculpas a los dos o tres que me leen.

En cualquier caso, esta mañana me he escaqueado del congreso y me he pateado el Art Institute , muy completo y con algunas joyitas. Hay seis cuadritos de Goya describiendo la captura del bandido Maragato por Fray Pedro de Zaldivia, que son una delicia (primero el bandido le apunta con un trabuco, luego el buen religioso forcejea con él, le quita el arma y le pega un tiro en una pierna, lo reduce y lo entrega a la justicia). Toda una alegoría de la Iglesia y de su papel en los tiempos que corren.

Luego me he dado un paseo por el Loop, y no ha estado mal. Se supone que arquitectónicamente es la caraba (Mies van der Rohe, Bauhaus, etc.), pero soy bastante zote en lo que a gusto por la arquitectura se refiere.

Ya me gustaría tener la capacidad de observación que Arp ha demostrado con sus crónicas austriacas, porque Chicago tiene mucho interés, pero no la tengo.

11 septiembre 2006

Disfrazado de nada, como sueles

Decía Arp en un comentario a mi anterior entrada que a la kenosis o anonadamiento de Cristo, nunca acabas de verle el fondo. Qué cierto es. A raíz de ello, me han venido a la memoria estas palabras con que Miguel d’Ors agradece al Creador un segundo casi extático de contemplación del azul del cielo y del amarillo de no sé qué árbol (seguro que un arce no). Pertenecen a un poema de su último libro, Sol de noviembre. Aunque creo recordar que forman parte de dos versos diferentes, también por sí solas configuran un bello endecasílabo, que emociona.

Me evocan a Elías en el Horeb, esperando la venida de Dios bajo grandes manifestaciones y no reconociéndolo ni en el terremoto ni en el fuego devorador, sino en la suave brisa ante la que se tapó el rostro. También al precioso himno que S. Pablo recoge en su Carta a los Filipenses, que narra el susodicho anonadamiento de Cristo; y al gran y santo Juan Pablo II cuando, ante el asombro de Belén, compuso sin saberlo otro bello endecasílabo: “El Creador es un niño que llora”, dijo.

04 septiembre 2006

Mi almuerzo con Jünger

El otro día, en uno de sus acertados posts, Enrique García-Máiquez comentaba que Jünger era una de sus lagunas, a pesar de los consejos de Beades. Hace ya casi dos décadas, yo sí seguí los de mi amigo Presas (que en libros y música aconseja tan bien como pinta), fervoroso lector del longevo alemán. Leí Eumeswill y Sobre los acantilados de mármol y no guardo especial recuerdo de ellos; no debieron de decirme gran cosa. Sin embargo, leí también Tempestades de acero, sus memorias de la Primera Guerra Mundial, y me gustaron mucho. Todavía hoy pienso que es el mejor libro de guerra que he leído (muy superior a Sin novedad en el frente). Compré sus Radiaciones y luego El reloj de arena, El trabajador y La Tijera, de los que solo he leído fragmentos. Creo que es un buen narrador, que su temática, su estilo y su creatividad literaria han pasado con el siglo que nos dejó, y que su posición vital y pseudofilosófica (post-heideggeriano desengañado) no presenta especial interés. Creo también que de Jünger lo más destacable es, sin duda, Jünger mismo. Justo al revés que sucede con Borges, aquí el personaje es mucho más interesante que su obra. Oficial en la Primera Guerra Mundial (último poseedor de la condecoración Pour le mérite prusiana) y en la Segunda, donde estuvo en París con actitudes razonables, sus ciento tres años de vida y sus diversas etapas vitales son un compendio del propio siglo XX.

Además, yo tuve la dicha de comer con él. Dictó la lección inaugural de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid –creo que de 1996– y el Rector me invitó al almuerzo que tuvo lugar a continuación. No fuimos más de diez comensales. La verdad es que me tocó al otro lado de la mesa y no pude hablar con él, pero sí pude contemplarlo con calma. Delgado, ágil, sobrio, con una mirada muy intensa, atendía, con aparente interés aunque también con cierto distanciamiento, la conversación de sus colindantes (uno de ellos su excelente traductor, Andrés Sánchez Pascual). Tenía su abundante y blanca cabellera peinada toda para adelante, parecía un patricio romano. Gozaba de excelente apetito: dio buena cuenta de una ensalada copiosa, de una rodaja de merluza como una boina y de un pastel, todo ello regado con vino. Bebió poca agua. Para terminar un café solo que coronó con un cigarrillo elegantemente fumado. Fue emocionante. Además, estuve al lado su mujer, una encantadora jovenzuela de 75 años, culta y bella. No me pareció oportuno sacar el tema de la literatura, así que estuvimos toda la comida hablando de música. Además de ser una entendida, Ernst y ella fueron vecinos de Fürtwangler durante varios años, y me contó cosas del maestro.

Y para colmo, al regresar a casa me llevé mi ejemplar de Tempestades de acero dedicado, con una letra preciosa: “Meinem lesser Dal, Ernst Jünger”. Mi mitómanía alcanzó niveles perjudiciales para la salud.

03 septiembre 2006

Everness

Si conocieras
el premio que te espera,
lo buscarías.

[Para Enrique García-Máiquez]

30 agosto 2006

Citas


De Hans “el Oso” Von Balthazar (La oración contemplativa):

"Muchos cristianos no comprenden que la realidad del reino de los cielos es eterna y por lo mismo no es temporal-futura, que lo que nosotros orando tanto ansiamos y cuyo advenimiento suplicamos, no es algo que todavía-no-es, que nosotros con nuestra oración y nuestro empeño hemos de poner, como todos los demás valores temporales e históricos en nuestra existencia ya dada, sino lo Eterno-Real que nosotros, los siempre irreales, hemos de dejar que se despliegue en nosotros y consiga la victoria de su presencia en nosotros".