J.A. Presas se ha comprado una y le he "volcado" mi discoteca. Lleva tres días maravillado: "¡Es lo más parecido a un Aleph que he visto!" dice, con la misma precisión y poesía con la que pinta.
Lo que permanece tras lo que pasa
Es un excelente libro sobre los hijos de la viuda. Su autor, Manuel Guerra, hasta ahora totalmente desconocido para mí, hace gala de un conocimiento exhaustivo de un tema que, lejos de ser una más de las "teorías de la conspiración", está presente, pero que muy presente, en nuestros días.
Que confirme una vez más que Zapatero es masón, o que afirme que la vicepresidenta De la Vega, Moratinos y López-Aguilar también lo son (la primera desde antiguo) y que constate cómo su política cumple a rajatabla las líneas maestras del pensamiento masónico, no está exento de interés; como tampoco lo está que afirme que hay bastantes masones en el PP y que Aznar pertenece a Skulls and bones, organización no estrictamente masónica pero que, desde luego, no es trigo limpio (¿serán por eso su viraje neocon, sus últimos invitados a Faes, su encendida defensa de Israel, su melena y sus pulseritas?).
Lo que realmente vale la pena son otras cosas: el análisis profundo que hace de la cosmovisión masónica y de lo que de ella se deriva; su constatación (una vez más) de la radical incompatibilidad de la masonería con la fe católica; su conocimiento de las diversas obediencias; su claridad expositiva. Es muy superior al último best-seller de César Vidal, comparable al Triple secreto de la masonería de De la Cierva. De lectura imprescindible para todos los que les interesa la materia en particular y la cosa pública en general.
Por cierto, quien quiera profundizar en el tema debe leer también Darkness visible de Walton Hannah, Esquema filosófico de la masonería, del masón y profesor de la UCM Francisco Espinar Lafuente, y La politique des franc masons de Jacques Miterrand, socialista hermano de François, auténtico introuvable --desapareció de todas las librerías a los dos meses de su publicación-- que expone descarnadamente el hermanamiento masonería-socialismo a través de la Internacional Socialista.
A ver si saco tiempo, venzo perezas y escribo más sobre esto.

"La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que habría que describir de su cara es una reverencia llena de ansiedad que no ha aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo llevó en su seno, le dará el pecho y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: ¡mi pequeño! Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenaza un temor reverencial ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto. Y es una dura prueba para una madre tener vergüenza de sí y de su condición humana delante de su hijo. Aunque yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que siente, a la vez, que Cristo, su hijo, suyo, es su pequeño, y es Dios. Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos y la forma de su boca es la de la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Y ninguna mujer, jamás, ha tenido así a su Dios para ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se puede coger en brazos y cubrir de besos, un Dios caliente que sonríe y que respira, un Dios al que de puede tocar; y que sonríe. Es en uno de esos momentos cuando pintaría yo a María si fuera pintor. Y trataría de plasmar el aire de atrevimiento tierno y tímido con que ella adelanta el dedo para tocar la piel pequeña y suave de este niño-Dios cuyo peso tibio siente sobre sus rodillas y que le sonríe."
